Argentina, Legend and HistoryBlasco Ibáñez, Vicente
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Argentina, Legend and History
Blasco Ibáñez, Vicente
Argentina; Argentina -- History; Spanish language -- Readers
Nuestra revolución nació serena como la aurora de un día hermoso, y dió
sus primeros pasos conducida por la razón y el desprendimiento. Nuestros
padres discutieron antes de obrar, y no admitieron el sacrificio de la
sangre en el altar de la libertad que fundaban. En mayo de 1810, el[431]
resentimiento y la venganza se transformaron en heroísmo, en acción
vigorosa la apatía colonial, en patriotismo la antigua fidelidad, los
vasallos en señores de su destino, y brotaron como por encanto,
ejércitos, instituciones liberales, sentimientos de nacionalidad y todos
los elementos que constituyen la Patria.
Si un pueblo sacude su yugo antiguo con tanta dignidad, es porque se
siente fuerte en la justicia de su resolución, porque la virtud que es
la fuerza por excelencia, le preside en sus actos.
Esa fuerza y esa virtud tuvieron por fortuna su representante en don
Mariano Moreno, miembro del primer gobierno revolucionario.
Comenzó a desempeñar sus delicadas funciones a la edad de treinta años
con toda la precoz madurez de sus aventajadas facultades. Brioso de
carácter, elocuente, avezado a las luchas de la lógica y del derecho en
las discusiones forenses, reunía en su persona otras cualidades que le
hacían simpático y popular. Brillaba en su abierta fisonomía la
iluminación del genio, y la rica sangre de la juventud circulaba en su
rostro, bajo una tez blanca y transparente, como la savia de una planta
lozana.
[Illustration: MARIANO MORENO
_Navarro y Lamarca, Historia general de América_]
Este atleta bajó a la arena en toda la plenitud de sus fuerzas,
acendradas en la austeridad del hogar y de los estudios serios. Hijo
excelente, padre afectuoso, agradecido discípulo, unía a una virginidad
de sentimientos a la antigua, el atrevimiento y la audacia que inspiran
las ideas que son la gloria de los tiempos modernos.
Su personalidad se eclipsa dentro de su idea, como el núcleo de un
cometa en su atmósfera luminosa. La posteridad y la historia, no él,
le[432] colocan entre los primeros hombres de la independencia, y le
conceden su papel principal de revelación y de iniciativa en el drama de
la revolución. No aspira a mandar sino a dirigir. Piensa recta y
generosamente para que el pueblo pueda gobernarse a sí propio con
acierto. Quiere como[433] borrar hasta los nombres propios de los
mandatarios, para que la autoridad que preside los nuevos destinos de la
patria, se sienta como influencia benéfica, y no se palpe como cosa
natural, aspirando a dotarla, en su noble exaltación democrática, con
los atributos de una entidad sobrehumana.
Moreno no tenía confianza sino en las fuerzas morales y quiso traerlas
al gobierno y darlas al pueblo como palanca para remover los obstáculos
que la marcha de la Revolución iba a encontrar en su camino.
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