Argentina, Legend and HistoryBlasco Ibáñez, Vicente
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Argentina, Legend and History
Blasco Ibáñez, Vicente
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Facundo es un tipo de la barbarie primitiva; no conoció sujeción de
ningún género; su cólera era de las fieras; la melena de renegridos y
ensortijados cabellos caía sobre su frente y sus ojos en guedejas como
las serpientes de la cabeza de Medusa; su voz se enronquecía, sus
miradas se[462] convertían en puñaladas; dominado por la cólera, mataba
a patadas estrellándole los sesos a N. por una disputa de juego;
arrancaba ambas orejas a una querida porque le pedía 30 pesos para
celebrar un matrimonio consentido por él; y abría a su hijo Juan la
cabeza de un hachazo, porque no[463] había cómo hacerlo callar; daba de
bofetadas a una linda señorita en Tucumán a quien ni seducir, ni forzar
podía; en todos sus actos mostrábase el hombre bestia aún, sin ser
estúpido, y sin carecer de elevación de miras. Incapaz de hacerse
admirar o estimar, gustaba de ser temido: pero este gusto era exclusivo,
dominante hasta el punto de arreglar todas las acciones de su vida a
producir el terror como expediente para suplir al patriotismo y a la
abnegación; ignorante, rodeábase de misterios y se hacía impenetrable;
valiéndose de su sagacidad natural, de una capacidad de observación no
común, y de la credulidad del vulgo, fingía una presciencia de los
acontecimientos, que le daba prestigio y reputación entre las gentes
vulgares.
Es inagotable el repertorio de anécdotas de que está llena la memoria de
los pueblos con respecto a Quiroga; sus dichos, sus expedientes, tienen
un sello de originalidad que le daban ciertos visos orientales, cierta
tintura de sabiduría salomónica en el concepto de la plebe. ¿Qué
diferencia hay, en efecto, entre aquel famoso expediente de mandar[464]
partir en dos el niño disputado, a fin de descubrir la verdadera madre,
y este otro para encontrar un ladrón?
Entre los individuos que formaban su compañía, habíase robado un objeto,
y todas las diligencias practicadas para descubrir el ladrón habían sido
infructuosas. Quiroga forma la tropa, hace cortar tantas varitas de
igual tamaño cuantos soldados había; hace en seguida que se distribuyan
a cada uno; y luego con voz segura, dice: "Aquél cuya varita amanezca
mañana más grande que las[465] demás, ése es el ladrón." Al día
siguiente formóse de nuevo la tropa, y Quiroga procede a la verificación
y comparación de varitas; un soldado hay, empero, cuya vara aparece más
corta que las otras. "¡Miserable!" le grita Facundo con voz aterrante,
"¡tú eres...!" y en efecto él era;[466] su turbación lo dejaba conocer
demasiado. El expediente es sencillo; el crédulo gaucho, temiendo que
efectivamente creciese su varita, le había cortado un pedazo. Pero se
necesita superioridad y cierto conocimiento de la naturaleza humana,
para valerse de estos medios.
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