Argentina, Legend and HistoryBlasco Ibáñez, Vicente
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Argentina, Legend and History
Blasco Ibáñez, Vicente
Argentina; Argentina -- History; Spanish language -- Readers
El prestigio y el descrédito de los Estados que dejan de satisfacer los
derechos de sus legítimos acreedores, trae consigo dificultades de tal
magnitud que no hay necesidad de que la intervención extranjera agrave
con la opresión las calamidades transitorias de la insolvencia.
La República Argentina podría citar su propio ejemplo, para demostrar lo
innecesario de las intervenciones armadas en estos casos.
El servicio de la deuda inglesa de 1824 fué reasumido espontáneamente
por ella, después de una interrupción de treinta años, ocasionada por la
anarquía y las convulsiones que conmovieron[647] profundamente el país
en ese período de tiempo, y se pagaron escrupulosamente todos los
atrasos y todos los intereses, sin que los acreedores hicieran gestión
alguna para ello.
Más tarde una serie de acontecimientos y contrastes[648] financieros,
completamente fuera de todo control de sus hombres gobernantes, la
pusieron, por un momento, en situación de suspender de nuevo
temporalmente el servicio de la deuda externa. Tuvo, empero, el
propósito firme y. decidido de reasumir los pagos inmediatamente que las
circunstancias se lo permitieran y así lo hizo, en efecto, algún tiempo
después, a costa de grandes sacrificios, por su propia y espontánea
voluntad y sin intervención ni conminaciones de ninguna potencia
extranjera. Y ha sido por sus procedimientos perfectamente escrupulosos,
regulares y honestos, por su alto sentimiento de equidad y de justicia
plenamente evidenciado, que las dificultades sufridas en vez de
disminuir han acrecentado su crédito en los mercados europeos. Puede
afirmarse con entera certidumbre que tan halagador resultado no se
habría obtenido, si los acreedores hubieran creído conveniente
intervenir de un modo violento en el período de crisis de las finanzas,
que así se ha repuesto por su sola virtud.
No tememos ni podemos temer que se repitan circunstancias semejantes.
En el momento presente no nos mueve, pues, ningún sentimiento egoísta ni
buscamos el propio provecho al manifestar nuestro deseo de que la deuda
de los Estados no sirva de motivo para una agresión militar de estos
países.
No abrigamos, tampoco, respecto de las naciones europeas ningún
sentimiento de hostilidad. Antes por el contrario, mantenemos con todas
ellas las más cordiales relaciones desde nuestra emancipación, muy
particularmente con Inglaterra, a la cual hemos dado recientemente la
mayor prueba de la confianza que nos inspiran su justicia y su
ecuanimidad, entregando a su fallo la más importante[649] de nuestras
cuestiones internacionales que ella acaba de resolver fijando nuestros
límites con Chile después de una controversia de más de sesenta años.
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