Argentina, Legend and HistoryBlasco Ibáñez, Vicente
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Argentina, Legend and History
Blasco Ibáñez, Vicente
Argentina; Argentina -- History; Spanish language -- Readers
Volvió él una tarde sediento, fatigado, tras un día de infructuosa
pesquisa; pues, como reinaba la sequía, estaban yermos y en escasez[221]
los campos. Sangrábale la mano, porque al pretender agarrar una perdiz
boleada a lives y caída[222] entre unas matas, pinchóle el
_uturuncu-huakachina_, el cactus espinoso "que hace llorar al tigre".
Pidió entonces a su hermana un poco de hidromiel para beberla y otro de
agua para restañarse los arañazos. Trajo ella ambas cosas; mas, en lugar
de servírselas, derramó en su presencia en el suelo la botijilla de agua
y el tupo de miel. El hombre,[223] una vez más, ahogó su desventura.
Pero, como al día siguiente le volcara también la ollita donde se
cocinaba el locro de su refrigerio habitual, desesperado,[224] resolvió
vengarse. Encubriendo en su invitación sus deseos de venganza, invitóla
para que le acompañase a un sitio no lejano, donde había descubierto
miel abundante de _moro-moros_. No vistió su zamarra profesional, ni sus
guanteletes, ni el sachasombrero, ni llevó la bocina de las meleadas
porque juzgaba fácil la ventura. El árbol, un abuelo del bosque, era sin
embargo de gigantesca talla. Cuando llegaron allí, el muchacho persuadió
a su perversa hermana a que debían operar con cuidado, buscando
beneficiarse del néctar sin destruir las abejas pequeñitas, pues se
referían historias de cazadores meleros desaparecidos bruscamente a
manos de un dios invisible que protege las colmenas.... Sobre la
horqueta más alta[225] hizo pasar un lazo; y lo preparó en un extremo, a
guisa de columpio, para que subiese su hermana, bien cubierta por el
poncho, en defensa del enjambre, ya alborotado por la maniobra. Tirando
al otro extremo, a manera de corrediza palanca, la solivió en el aire,
hasta llegar a la copa; y, cuando ella se hubo instalado allí, sin
descubrirse, él empezó a simular que ascendía por el tronco,
desgajándolo a hachazos, mientras bajaba en realidad. Zafó después el
lazo, y huyó sigilosamente.... Presa quedaba en lo alto la infeliz.
Transcurrieron instantes de silencio. Ella habló.... Nadie respondía....
Como empezaba a temer, soliviantó la manta que la tapaba, dejando apenas
una rendija para espiar. El zumbido de los insectos la aturdió, pues el
armado enjambre revolaba furioso en derredor, vibrante de alas y
trompas. Ese rumor confuso revelaba la profundidad del silencio. ¿Qué
podría ser? No sospechaba la hora ni el lugar. Ciega de horror y de
coraje se desembozó de súbito; al descubrir el espacio, el vacío del
vértigo la dominó.... ¡Sola, sola para siempre!
Abandonada a semejante altura, sobre un tronco liso y largo, sin otras
ramas que ésas a las cuales se aferraban sus prietas manos, espiaba para
ver si el hermano reaparecía por ahí. La acometían deseos de arrojarse,
pero la brusquedad del golpe amilanábala. No obstante, si perecía allá,
quien sabe si los caranchos no vendrían a saciarse en ella, como en las
osamentas de los animales que morían ignorados en el monte.
Public-domain text, read in full here on John Shaqi.
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