Argentina, Legend and HistoryBlasco Ibáñez, Vicente
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Argentina, Legend and History
Blasco Ibáñez, Vicente
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En tiempos distantes y nebulosos, allí donde se pierde el recuerdo de
los orígenes de la nacionalidad argentina, Santos Vega fué el más
potente payador. Su numen era inagotable en la improvisación[228] de
endechas, ya tiernas, ya humorísticas; su voz de timbre cristalino y
trágico inundaba el alma de sorpresa y arrobamiento; sus manos
arrancaban a la guitarra acordes que eran sollozos, burlas,
imprecaciones. Su fama llenaba el desierto. Ávida de escucharlo acudía
la muchedumbre de los cuatro rumbos del horizonte. En las "payadas[229]
de contrapunto", esto es, en las justas o torneos de canto y verso,
salía siempre triunfante. No había en las pampas trovador que lo
igualara, ni recuerdo de que alguna vez lo hubiese habido. Dondequiera
que se presentase rendíale el homenaje de su poética soberanía aquella
turba gauchesca tan amante de la libertad y rebelde a la imposición.
Para el alma sencilla del paisano, dominada por el canto exquisito,
Santos Vega era el rey de la Pampa.
A la sombra de un ombú, ante el entusiasta auditorio que atraía siempre
su arte, inspirado por el amor de su "prenda", una morocha de ojos
negros y labios rojos, cantaba una tarde Santos Vega, el payador, sus
mejores canciones. En religioso silencio escuchábanle hombres y mujeres,
conmovidos hasta dejar correr ingenuamente las lágrimas.... En esto se
presenta a galope tendido un forastero, tírase del caballo, interrumpe
el canto y desafía al cantor. Es tan extraño su aspecto, que todos temen
vaga y punzantemente una desgracia. Pálido de coraje, Santos Vega acepta
el desafío, templa la guitarra y canta sus _cielos_ y _vidalitas_. Y
cuando termina, creyendo imposible que un ser humano le pueda vencer,
los circunstantes lo aplauden en ruidosa ovación. Hácese otra vez
silencio. Tócale su turno al forastero....[230] Su canto divino es una
música nunca oída, caliente de pasiones infernales, rebosante de ritmos
y armonías enloquecedoras.... ¡Ha vencido a Santos Vega! Nadie puede
negarlo, todos lo reconocen condolidos y espantados, y el mismo payador
antes que todos.... ¡Adiós fama, adiós gloria, adiós vida! Santos Vega
no puede sobrevivir a su derrota.... Acaso el vencedor, en quien se
reconoce ahora al propio diablo, al temido Juan sin Ropa, habiendo
ganado, y como trofeo[231] de su victoria, pretenda el alma del
vencido.... Desde entonces, en efecto, desapareciendo del mundo de los
mortales, Santos Vega es una sombra doliente, que, al atardecer y en las
noches de luna, cruza a lo lejos las pampas, la guitarra terciada en la
espalda, en su caballo veloz como el viento.
Public-domain text, read in full here on John Shaqi.
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