Argentina, Legend and HistoryBlasco Ibáñez, Vicente
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Argentina, Legend and History
Blasco Ibáñez, Vicente
Argentina; Argentina -- History; Spanish language -- Readers
Europa pierde anualmente una parte de su población, insignificante por
el número si se la compara con la gran masa humana que habita su suelo,
valiosa por las iniciativas enérgicas y el coraje que demuestra al
abandonar la tierra patria con rumbo a lo desconocido.
Todas las semanas apártanse de sus costas enormes buques, que vomitando
humo se lanzan a través de las infinitas y azules soledades, repleto el
cóncavo vientre de carne humana, que sufre, se agita, sueña o se
estremece con los internos espejismos de la esperanza. Salen de los
muelles escarchados y brumosos del Báltico; de los puertos ingleses,
negros de polvo de hulla, en cuyo ambiente grasoso parece esparcirse un
vago perfume de té y tabaco con opio; de las costas de la Francia
oceánica, que opone sus bancos vivos de[575] mariscos y los obscuros
pinares de sus landas a los rabiosos asaltos del fiero golfo de
Gascuña; de las bahías españolas, inmensas copas de tranquilo azul,
sobre las cuales trenzan y destrenzan las gaviotas el blanco aleteo,
como asustadas por el intempestivo chirrido de una grúa o el mugido de
una sirena; de las escalas del Mediterráneo, sonrientes y adormecidas
bajo la ardiente lluvia del sol; ciudades blancas, con la alba crudeza
de la cal o la suave y aristocrática del mármol; ciudades en cuyos
embarcaderos flota un ambiente de hortalizas marchitas y frutos
sazonados, y en las que el viento de tierra lleva hasta los buques,
junto con el nupcial aliento del naranjo y el varonil incienso del
almendro, briosos rasgueos de la guitarra ibera, los repiqueteos del
tamboril[576] provenzal y lánguidos arpegios de las mandolinas
italianas.
Los gigantes marinos mueven las invisibles uñas de sus hélices y se
despegan de la tierra. Su proa, como un hocico inteligente, parece
husmear el horizonte para adivinar la senda a traves del infinito, y en
torno de su grupa rebullen convertidas[577] en jabonosa espuma las aguas
grises o negruscas de los mares septentrionales, las azules ondulaciones
atlánticas o las verdes linfas mediterráneas, pobladas de chisporroteos
de sol y escamas de oro, que pasan y se renuevan como estrellas fugaces
en las glaucas profundidades.
* * * * *
Desapareció la tierra: agua por todas partes. El azul blanquecino del
cielo sobre el azul negrusco[578] de las olas. La proa que se alza hasta
ocultar la faja del horizonte o se hunde elevando sobre su ángulo la
lejana línea del mar, como una muralla oscura; la popa, que parece
desplomarse en el abismo a cada ondulación, o al remontarse acaricia
algunas veces el espacio con infructuosas paletadas de sus hélices; el
mugir lejano de las máquinas en lo más profundo de las entrañas del
leviatán de acero, revelan únicamente el movimiento,[579] la marcha. Sin
esto el buque parecería inmóvil encantado en medio de la inmensidad[580]
circular y monótona. Avanza y avanza, y siempre parece estar en el mismo
sitio, en el centro exacto del circo infinito.
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