Argentina, Legend and HistoryBlasco Ibáñez, Vicente
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Argentina, Legend and History
Blasco Ibáñez, Vicente
Argentina; Argentina -- History; Spanish language -- Readers
Hoy todos estos nombres no son más que recuerdos históricos, rótulos
sonoros de ilusiones muertas, de esperanzas hechas polvo. El metal
precioso, que era su alma, desapareció arrastrado por la circulación
mundial, y sólo queda la mísera[600] máscara que lo contuvo, ruinas que
hablan con su triste aspecto de una esplendidez desaparecida para
siempre.
Pero la humanidad necesita una ilusión, una esperanza de riqueza que la
acaricie en sus horas de desengaño y penuria, y otro nombre ha venido a
sustituir a los mágicos nombres antiguos:... ¡Buenos Aires!
Es necesario ser europeo para comprender lo que estas palabras
significan en el Viejo Mundo. ¡Buenos Aires!... Al pronunciar este
nombre, la imaginación no ve minas de oro, tesoros resplandecientes que
se ofrecen a la codicia del recién llegado sin más trabajo que agacharse
para poseerlos. Hoy hasta los más ilusos saben que la conquista de la
riqueza supone esfuerzo, y Buenos Aires, a través de las más optimistas
fantasías, aparece siempre como un El Dorado del trabajo. Lo que este
nombre evoca en la mente de los peregrinos mundiales que marchan hacia
la tierra argentina no es una visión de oro, sino de rebaños infinitos,
al lado de los cuales parecen míseras tropillas los ganados bíblicos de
los profetas y la fortuna pastoril de los pueblos nómadas de la
antigüedad; campos inmensos como un océano terrestre sobre los cuales
tiene el cielo los mismos espejismos y rutilantes atardeceres que sobre
el mar; suelos de maravillosa fecundidad, que sólo hay que abrirlos con
el surco para que surja al momento, en forma de espléndidas cosechas,
una energía fecundante, resto sin duda de las primeras fuerzas que
presidieron la formación planetaria y que han estado dormidas durante
miles de siglos en las entrañas del globo.
[Illustration: VISTA DEL PUERTO DE BUENOS AIRES
_Copyright by Underwood & Underwood, N. Y._]
Buenos Aires, cuyo nombre se confunde con el de todo el país argentino
en la simple imaginación de muchas gentes, significa la fortuna por el
trabajo. Pero hasta este trabajo tiene algo de maravilloso, de inaudito,
de nunca visto. El trabajo europeo es para el emigrante una esclavitud
penosa, ingrata, degradadora, de la que quiere librarse para siempre:
escasos jornales, que apenas si bastan[601] para la satisfacción de las
necesidades más primarias; imposibilidad del ahorro como medio de
cambiar algún día de posición; falta absoluta de esperanza de
mejoramiento; largas temporadas de famélico descanso por abundancia
excesiva de brazos, y por encima de todo esto el fatalismo social del
mundo viejo, que marca al pobre desde que nace, condenándolo a
permanecer eternamente abajo, sin una ilusión, sin un resquicio en su
mísera obscuridad, por donde pase la mano de la Fortuna y le busque a
tientas tirando de él hacia lo alto.
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