Argentina, Legend and HistoryBlasco Ibáñez, Vicente
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Argentina, Legend and History
Blasco Ibáñez, Vicente
Argentina; Argentina -- History; Spanish language -- Readers
6. ¡El valiente argentino a las armas
corre ardiendo con brío y valor!
El clarín de la guerra cual trueno,
en los campos del Sud resonó.
Buenos Aires se pone a la frente
de los pueblos de la inclita unión,
y con brazos robustos desgarran
al íberico altivo león.
7. San José, San Lorenzo, Suipacha,[16]
ambas Piedras, Salta y Tucumán,
La Colonia y las mismas murallas
del tirano en la Banda Oriental,[17]
son letreros eternos que dicen:
"Aquí, el brazo argentino triunfó:
aquí, el fiero opresor de la Patria
su cerviz orgullosa dobló."
8. La Victoria al guerrero argentino
con sus alas brillantes cubrió,
y azorado a su vista el tirano[18]
con infamia a la fuga se dió.
Sus banderas, sus armas, se rinden[19]
por trofeos a la libertad,[20]
y sobre alas de gloria alza el pueblo
trono digno a su gran majestad.[21]
9. Desde un polo hasta el otro resuena
de la fama el sonoro clarín,
y de América el nombre enseñando
les repite: "¡Mortales, oíd![22]
Ya su trono dignísimo alzaron[23]
las Provincias Unidas del Sud."
Y los libres del mundo responden:
"¡Al gran pueblo argentino, salud!"[24]
EL GAUCHO ARGENTINO
VICENTE FIDEL LÓPEZ
A uno y otro lado del Uruguay, desde el delta del Paraná a las fronteras
del Brasil, y desde el Paraguay a las riberas del Atlántico, se
extendían campañas de una belleza incomparable, de una fertilidad
exuberante, y de un clima que, aunque templado, no relaja el vigor de
los temperamentos. Esas campañas estaban incultas en manos de la España.
Arroyos innumerables y muchos ríos caudalosos, acompañados en una y otra
ribera de selvas tupidísimas, distribuían por todas partes una masa
enorme de aguas puras y saludables, que alimentaban pastizales inmensos,
donde los ganados y el hombre crecían y se multiplicaban libres y
salvajes. El hombre tenía allí la carne, el fuego y el agua, sin ningún
trabajo, con un cielo espléndido de luz y de transparencia. El atraso
moral de la metrópoli, la incuria de su gobierno, su absoluta falta de
industria, su impotencia caduca para educar y para llevar la vida civil
al seno de los desiertos americanos, habían extenuado todas las
facultades de la España, rindiéndola en una indolente holgazanería a
mediados del Siglo XVII. Era imposible, pues, que el aliento creador de
los intereses económicos, que sólo se levantan en la vida urbana,
hubiese podido penetrar en nuestros campos. Así es que la población
errante que se había apoderado de ellos, había crecido desparramada,
inculta y vagabunda. La extensión indefinida que ocupaba, hacía que el
derecho de la propiedad raíz fuese inútil para sus habitantes, y hasta
se puede decir que era desconocido. Donde cada hombre podía obtener el
derecho nominal de llamarse dueño de cincuenta o más leguas de terreno,
sin otro trabajo que denunciarlo, abonando veinte o cincuenta pesos a la
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