Argentina, Legend and HistoryBlasco Ibáñez, Vicente
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Argentina, Legend and History
Blasco Ibáñez, Vicente
Argentina; Argentina -- History; Spanish language -- Readers
El gaucho argentino vivía absoluto e independiente,[27] con un
individualismo propio y libre. Se empancipaba de sus padres apenas
empezaba a sentir las primeras fuerzas de la juventud; y vivía
abundantemente de las _volteadas_[28] de los animales que Dios creaba
en el desierto. Armado del lazo, podía echar mano del primer potro que
le ofrecía mejores condiciones para su servicio; escogía, por su propio
derecho, la vaca más gorda para mantenerse; y si necesitaba algún
dinero, para procurarse alguno de los objetos commerciales que apetecía,
derribaba cuantos toros quería, les sacaba los cueros, e iba a venderlos
en las aldeas de las costas, a los mercaderes que traficaban con ellos,
para surtir el escasísimo comercio que teníamos con la Europa. La ley
civil o política no pesaba sobre él; y aunque no había dejado de ser
miembro de una sociedad civilizada, vivía sin sujeción a las leyes
positivas del conjunto.[29] Tomaba a una mujer de su clase, libre como
él, sumisa y buena, sin cuidarse mucho de las formas con que se unía a
ella. Plantaba una choza en la rinconada de un arroyo, bien cerca del
agua para evitarse el trabajo de acarrearla; y como los prebostes de la
hermandad solían tener la ocurrencia de atravesar los campos, con
cincuenta o sesenta blandengues, ahorcando expeditivamente bandoleros,
el gaucho tenía buen cuidado de levantar esa choza cubierta por el
bosque, y con sendas o vados que le eran conocidos, para[30] evitar
que le encontrasen desprevenido; porque la justicia del Rey no era muy
solícita en distinguir a los inocentes de los vagos; ni él mismo sabía
bien entre cuáles se había de clasificar.
[Illustration: CHOZA DE GAUCHO EN LA PAMPA
_Fraser, The Amazing Argentine_ _Photograph by A. W. Boote & Co., Buenos
Aires_]
A todos estos rasgos, propios del género de vida[31] que hacían, los
guachos agregaban las dotes de un temperamento fuerte, nervioso e
inquieto. El clima en que vivían les permitía viajar a la intemperie,
bajo las influencias, templadas algunas veces, rígidas otras veces, de
la naturaleza y del espacio. Acostumbrados al peligro, y ariscos, por
decirlo de una vez, estaban siempre prontos a _pelear_ a la justicia del
Rey, cuando los sorprendía; y como ella no usaba de procedimientos muy
cuidadosos para determinar sus fallos y sus castigos, los gauchos la
evitaban, siempre que podían, como se evita un peligro grave, o como se
huye de un yugo incómodo.
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