Argentina, Legend and HistoryBlasco Ibáñez, Vicente
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Argentina, Legend and History
Blasco Ibáñez, Vicente
Argentina; Argentina -- History; Spanish language -- Readers
Preguntadle al gaucho a quién matan con preferencia los rayos, y os
introducirá en un mundo de idealizaciones morales y religiosas,
mezcladas de hechos naturales, pero mal comprendidos, de tradiciones
supersticiosas y groseras. Añádase que si es cierto que el flúido
eléctrico entra[80] en la economía de la vida humana, y es el mismo que
llaman flúido nervioso, el cual excitado subleva las pasiones y enciende
el entusiasmo, muchas disposiciones debe tener para los trabajos de la
imaginación el pueblo que habita bajo una atmósfera[81] cargada de
electricidad hasta el punto que la ropa frotada chisporrotea come el
pelo[82] contrariad del gato.
¿Cómo no ha de ser poeta el que presencia esas escenas imponentes?
--"Gira en vano, reconcentra
Su inmensidad y no encuentra
La vista en su vivo anhelo[83]
Do fijar su fugaz vuelo,
Como el pájaro en el mar.
Doquier campo y heredades
Del ave y bruto guaridas;
Doquier cielo y soledades
De Dios sólo conocidas,
Que Él sólo puede sondar."
¿O el que tiene a la vista esta naturaleza engalanada?
--"De las entrañas de América
Dos raudales se desatan:
El Paraná, faz de perlas,[84]
Y el Uruguay, faz de nácar.
Los dos entre bosques corren
O entre floridas barrancas,
Como dos grandes espejos
Entre marcos de esmeraldas.
Salúdanlos en su paso
La melancólica pava,
El picaflor y el jilguero,
El zorzal y la torcaza.
Como ante reyes se inclinan
Ante ellos ceibos y palmas,
Y les arrojan[85] flor del aire,[86]
Aroma y flor de naranja;
Luego en el Guazú se encuentran.[87]
Y reuniendo sus aguas,
Mezclando nácar y perlas
Se derraman en el Plata."
Pero ésta es la poesía culta, la poesía de la ciudad; hay otra que hace
oír sus ecos por los campos solitarios: la poesía popular, candorosa y
desaliñada del gaucho.
También nuestro pueblo es músico. Ésta es una predisposición nacional
que todos los vecinos le reconocen. Cuando en Chile se anuncia por la
primera vez un argentino en una casa, lo invitan al piano en el acto, o
le pasan una vihuela, y si se excusa diciendo que no sabe pulsarla, lo
extrañan, y no le creen, "porque siendo argentino", dicen, "debe ser
músico". Esta es una preocupación popular que acusa nuestros hábitos
nacionales. En efecto, el joven culto de las ciudades toca el piano o la
flauta, el violín o la guitarra; los mestizos se dedican casi
exclusivamente a la música, y son muchos los hábiles compositores e
instrumentistas que salen de entre ellos. En las noches de verano se oye
sin cesar la guitarra en la puerta de las tiendas, y tarde de la noche,
el sueño es dulcemente interrumpido por las serenatas y los conciertos
ambulantes.
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