Argentina, Legend and HistoryBlasco Ibáñez, Vicente
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Argentina, Legend and History
Blasco Ibáñez, Vicente
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Al siguiente día volvió al fuerte Sebastián Hurtado. Su dolor fué igual
a su sorpresa, cuando, después de encontrarse con ruinas en vez del
baluarte, buscaba a su consorte y sólo hallaba despojos de la muerte.
Luego que supo su cautividad, no[240] dudó un punto entre los extremos
de morir o rescatarla. Precipitadamente se escapó de los suyos y llegó
hasta la presencia de Siripo. Pero este bárbaro, habiendo muerto
Mangoré, cacique él ahora de los timbúes, olvidóse como su finado
hermano que Lucía era casada, y aspiraba a su vez a tomarla por esposa.
Ya que se le presentaba tan inopinadamente el legítimo marido, ardiendo
en celos infernales, decidió matarlo. Comprendió la heroica mujer la
suerte que esperaba a Hurtado, y, estimando más la vida de su marido que
la propia, renunció al tono altivo con que antes contestaba los avances
de Siripo, y tomó a sus pies el tono de la súplica y el llanto. De tal
modo consiguió que el cacique revocara su sentencia de muerte y salvó la
vida a Hurtado; mas con la dura condición de que el soldado castellano
se divorciase para siempre de Lucía y eligiera otra esposa entre las
doncellas timbúes. Acaso por ganar partido en el corazón de la bella
mujer blanca, que se mantenía firme en su resistencia a aceptarlo por
esposo, el cacique llegó a permitirles[241] que se vieran de vez en
cuando. No por eso consiguió el consentimiento de Lucía, que, como
española y como cristiana, estaba resuelta a perder antes la existencia
que la honra. Al contrario, en algunas de las breves entrevistas de los
esposos, pudo notar que ambos renovaban sus juramentos de conyugal
fidelidad. Entonces su furia no tuvo límites. Hizo atar a Sebastián
Hurtado a un árbol, donde se le mató a saetazos, y mandó arrojar[242] a
Lucía Miranda a una hoguera. Así, después de largo martirio y
cautiverio, murieron ambos esposos, para eterno ejemplo de amor y de
virtud.
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