Argentina, Legend and HistoryBlasco Ibáñez, Vicente
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Argentina, Legend and History
Blasco Ibáñez, Vicente
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Y besando tiernamente la mano que ella le tendía, salió no sin volverse
muchas veces para contemplarla.
VI. Madre e Hijo
Cuando la dama quedó sola alzó los ojos al cielo con dolorosa
expresión.--¡Jamás!--exclamó, ¡Jamás!... ¡Nunca se borrará esa imagen
que encuentro siempre en el horizonte de mis recuerdos, en el semblante
de mi hijo y en mi propio corazón! ¡He ahí esa frente altiva y
meditabunda! ¡He ahí esos rasgados ojos azules de tan sombría y sin
embargo tan hermosa mirada!... ¡Manuel! ¡Manuel!
La puerta se abrió con estrépito, y un hermoso mancebo de dieciséis
años, de porte arrogante y risueña expresión, se precipitó en la sala y
corrió a arrojarse en los brazos de la dama que lo estrechó en ellos
sollozando y besó mil veces sus mejillas y su frente.
--¡Qué hermosa eres, mamá!--decía el joven, contemplando extasiado el
radioso semblante de su madre.--Aunque tenía muy presentes las facciones
de tu rostro, no creía que fueras tan bella. ¡Bendición del cielo![255]
¡Dejar la fría[256] atmósfera del colegio para venir a contemplar los
rayos de este bello sol que da vida a mi vida y calor a mi alma!
--¡Poeta! ¡Poeta!--decía ella, sonriendo tiernamente a su hijo y
meciéndolo como un niño en sus rodillas.--Me está recitando un madrigal.
--A propósito,--dijo el joven dejando su actitud de abandono y
sentándose al lado de su madre.--Manuela Rosas me envió su álbum
pidiéndome[257] un soneto. ¡Y lo había olvidado! ¡Ya! la veo tan pocas
veces. Y no porque ella no sea una criatura amabilísima; pero me aleja
de su lado el extraño sentimiento que me inspira su padre. Llamaríalo
odio si su amistad con la mía no hicieran[258] el odio imposible.
--Todavía no conozco a ese hombre, y sin embargo me estremezco cuando
oigo pronunciar su nombre; y no comprendo como el noble y bondadoso
corazón de Alberto ha podido unirse a ese corazón feroz y sanguinario.
--Esta misma adhesión, madre mía, realza más la magnanimidad de ese
corazón generoso, porque está exento de debilidad. Severa con el amigo,
jamás transigirá con el tirano.
--¡Ay! sí, es verdad... pero heme aquí estremecida de espanto a la idea
de esa austera integridad[259] que en este momento subleva quizá contra
él en la[260] cámara legislativa el bando entero del despotismo.
--¡Qué!--exclamó el joven con los ojos centelleantes de entusiasmo, es
hoy el día de su triunfo, y aun no estoy en la barra para aplaudirlo con
la voz y con el alma.
Y besando rápidamente a su madre, desasióse de su convulsivo brazo y
partió.
VII. En la Sala de Representantes
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