Argentina, Legend and HistoryBlasco Ibáñez, Vicente
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Argentina, Legend and History
Blasco Ibáñez, Vicente
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Sin embargo, una noche, al alzarse la luna sobre el horizonte, los
habitantes del "pago" vieron una mujer pálida, enflaquecida y
arrastrando negros cendales, que atravesó gimiendo las avenidas de
sauces y se perdió entre las desmoronadas murallas del fuerte.
Algunos la tuvieron por una aparición; pero otros creyeron conocer en
ella a María, la hija del viejo comandante, el bello _Lucero del
Manantial_.
LIMA, agosto de 1860.
LOS 3000 PESOS DE DORREGO
C. O. BUNGE
Era en el año nefasto de 1820, el año de agudísima crisis,
revolucionaria más bien que política. En la provincia de Buenos Aires
cambiábase cada día, puede decirse, de gobernador. Siendo gobernador el
señor Ramos Mejía, partidario del directorio, el general Soler, enemigo
del sistema, habíale depuesto, asumiendo el mando. Retiróse luego el
nuevo gobernador al campamento de Luján, donde estableció su sede.
Dejaba en Buenos[267] Aires, como su lugarteniente, en el cargo de
comandante general de armas, al coronel Dorrego. Y para concluir con los
unitarios, puso a precio las cabezas de los principales representantes
del régimen directorial.
Entre ellos se contaba el doctor Tagle, cuya persona se tasó en 3000
pesos. Espíritu inquieto y combatiente, habíase arriesgado a venir de su
voluntario ostracismo en el Uruguay a la misma ciudad de Buenos Aires.
Ocultábase en la casa de un amigo, el señor Marín. Su situación era
harto peligrosa, pudiendo ser reconocido y denunciado[268] en cualquier
momento, hasta por la servidumbre. Además, agravábase esa situación por
su personal y mortal enemistad con el coronel Dorrego, a quien había
insultado con la virulencia de las pasiones políticas de aquel tiempo
semibárbaro.
Temiendo una sorpresa trágica y fatal para su huésped, el señor Marín
resolvió salvarle dando un paso audaz y decisivo. Conocía a Dorrego y
confiaba en su caballerosidad. Sin comunicar su proyecto al doctor
Tagle, fué a ver al comandante general en el piso bajo del Cabildo,
donde se hallaba. Amigo también de Dorrego, díjole, medio[269] en serio
y medio en broma: "Sé que estás en apurada situación financiera y vengo
a ofrecerte la oportunidad de ganar 3000 pesos." Como en efecto, por las
continuas revoluciones y violencias, escaseaba el dinero, Dorrego
contestó agradecido[270] por el ofrecimiento. No disponía en ese
instante de un peso, ni propio ni del Estado, para pagar a las tropas.
El señor Marín anuncióle entonces que tenía al doctor Tagle en su casa.
Dorrego se limitó a responder: "Muy bien. Esta noche iré a buscarlo."
Sin cambiar más razones, el señor Marín se retiró. Aunque tuviera plena
confianza en la lealtad de Dorrego, una duda vaga se apoderó de su
espíritu. ¿Y si el comandante general, llevado al mismo tiempo por el
antagonismo político y la necesidad de dinero, entregaba al general
Soler la cabeza del doctor Tagle? Los hombres más rectos tienen momentos
de ofuscación; y entonces todos parecían ofuscados por la sangrienta
lucha política....
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