Argentina, Legend and HistoryBlasco Ibáñez, Vicente
History
Argentina, Legend and History
Blasco Ibáñez, Vicente
Argentina; Argentina -- History; Spanish language -- Readers
La luz del siguiente día encontró en las calles de Buenos Aires
numerosas huellas de escenas semejantes a la que tuvo lugar en la noche
anterior en la sala de representantes. Un puñal había amenazado la vida
de Rosas; aunque se había arrestado al delincuente, no habiendo podido
arrancarle confesión alguna, había sacrificado indistintamente a todas
personas sospechosas de complicidad en aquel atentado.
A dos leguas de distancia, al frente del palacio dictatorial de Palermo,
un destacamento de infantería[263] acababa de hacer alto. Sonó el tambor
y aquella fuerza se formó en cuadro. Vióse entonces en el centro del
siniestro vacío un joven como Isaac, y maniatado como él, y en frente
cuatro[264] soldados que a la voz de un oficial preparaban sus armas.
Pero, cuando los fatales fusiles se inclinaron sobre él, cuando con la
frente erguida y la mirada serena el noble mancebo esperaba la muerte,
oyóse un grito de suprema angustia y una mujer pálida, anhelante,
desmelenada, rompiendo con esfuerzo febril la línea de bayonetas que le
cerraba el paso, se arrojó de repente sobre el joven y estrechándolo en
un abrazo desesperado lo cubrió con todo su cuerpo. Los soldados,
vivamente conmovidos, volviéronse hacia el oficial que los mandaba. Pero
éste que sentía pesar sobre sí una terrible responsabilidad, ahogando su
profunda emoción, mandó apartar a la madre y conducirla fuera del
cuadro.
--¡Ah!--exclamó ella arrancándose de los brazos de su hijo y cayendo a
los pies del oficial.--Dadme al menos por lo que más améis en este
mundo, dadme un cuarto de hora que necesito para obtener la gracia de mi
hijo, o morir.
El veterano sonrió tristemente:--Id, pobre madre, id--dijo siguiéndola
con una mirada de compasión.
--En nombre de esta hora suprema,--gritó el niño,--yo os lo prohibo,
madre mía. No pidáis gracia al asesino de vuestro esposo, o vuestro hijo
os maldecirá desde la eternidad.
Mas ella sin escucharlo corrió desolada hacia el[265] palacio. Atravesó,
sin que nadie pudiera detenerla, los patios, los vestíbulos, las
galerías y los salones, preguntando a su paso por aquél de quien
esperaba la muerte o la vida. Un edecán entreabrió un gabinete y la
mostró un hombre que apoyado en[266] una mesa ocultaba su rostro entre
las manos. La desventurada, precipitándose en el cuarto, fué a caer a
sus pies. Pero al mirar a aquel hombre el ruego se le heló en su labio
pálido que se movió sin articular sonido alguno.
En ese momento sonó una detonación. La infeliz madre cayó sin sentido
gritando:--¡Manuel! ¡Manuel! ¿Qué has hecho de tu hijo?...
IX. Conclusión
Mucho tiempo hacía que el antiguo fuerte de la Pampa era ya sólo un
montón de escombros ennegrecidos por el humo del incendio. Los indios en
una salida lo habían quemado, asesinando al viejo comandante con toda la
guarnición. Desde entonces el doble silencio de la muerte y del abandono
reinó en torno de aquellos muros, y el terror supersticioso que
inspiraban las ruinas apartó de allí los pasos del viajero.
Public-domain text, read in full here on John Shaqi.
Reviews
Reviews
No reviews yet
Be the first to share your thoughts on this work.
Elsewhere in the archive
Join the Discussion
Join the discussion
Sign in to leave a comment or review.
Sign InorCreate an account