Argentina, Legend and HistoryBlasco Ibáñez, Vicente
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Argentina, Legend and History
Blasco Ibáñez, Vicente
Argentina; Argentina -- History; Spanish language -- Readers
Siguiendo nuestro camino, nos encontramos[323] hasta tener literalmente
a nuestros pies el torrente, compañero fiel del sendero.--El _Salto_
se[324] presentaba en el fondo de la cima dando salida por un corte
gigantesco de la montaña al agua anhelante por esparcirse en un lecho
menos limitado que el que la trae emparedada por un trecho considerable.
El cauce por donde corre allí, está sembrado de piedras de colores
variados y de formas redondas dadas contra la voluntad del[325] granito
por esa pertinacia del agua, que eternamente se desliza y que se ha
presentado como imagen del triunfo de la constancia: "la gota[326]
horada la piedra, _non vi sed saepe cadendo_." Fuera imposible
contemplar aquel espectáculo sin atribuir inteligencia a la lucha que
levantaba espumas de plata y de jazmines en torno de los guijarros
desnudos. Allí había sin duda Náyades que lavaban sus encajes y sus
túnicas de Cambray[327] con pasta perfumada de almendras de la
fábrica[328] de Monpelas; Ninfas de la fuente que contaban sus amores
desconocidos y desgraciados a los escasos viajeros; y de ella[329] (no
puede por menos) es[330] esa cadencia monótona que llena el oído y
convida a "soñar e imaginar con desaliño", frases castizas[331] que
guardo en la memoria porque me parece la traducción más genuina del
verbo francés _rêver_, que tanto da qué hacer a los traductores
noveles.
[Illustration: SUD-AMÉRICA (Map of South America)]
LA NATURALEZA SUDAMERICANA
DE VALPARAÍSO A BUENOS AIRES
JUAN MARÍA GUTIÉRREZ
El camino a vapor[332] es el Valdivia,[333] el Hernán Cortés, el
Pizarro, de nuestros días, para completar la conquista de América en
servicio de la civilización y la paz. La espada comenzó esa conquista:
la ayudó y continuó la cruz, en manos de los misioneros;[334] la ciencia
de la mecánica que da la dirección asombrosa a la fuerza expansiva de
uno de los elementos antiguos[335] encerrado en una caldera de hierro,
acortando en tiempo las distancias, dando al andar del hombre la rapidez
del vuelo de las aves, satisfaciendo una necesidad apenas sentida,
acercando los pueblos apartados para que conversen, por decirlo así,
mano a mano, está[336] llamada en este siglo a completar la obra
comenzada en América por el guerrero y el sacerdote. El silbo de la
locomotiva es hoy la voz del verdadero apóstol, el sonido de la lira de
los Anfiones[337] modernos, eco de los taumaturgos del siglo, que
predica la unión y la paz entre los hombres, hablándoles de sus
intereses, que levanta centros sociales por encanto y aconseja el amor
al prójimo y el respeto a Dios, tiñendo con dulces colores de rosa los
horizontes de esta existencia de un día para las criaturas y eterna para
las sociedades.
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