Argentina, Legend and HistoryBlasco Ibáñez, Vicente
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Argentina, Legend and History
Blasco Ibáñez, Vicente
Argentina; Argentina -- History; Spanish language -- Readers
¿No piensa Vd., mi amigo, como yo? ¿Cree Vd. que una ley escrita y nada
más sea tan poderosa como el _fiat_ de Dios para dar condiciones de
nación[338] y formas regulares de cuerpo social a una familia de
desiertos como son los miembros de todas las repúblicas sudamericanas?
El aislamiento natural ahoga la eficacia del pacto, como agosta la
maleza robusta e indómita a la planta delicada acostumbrada a sentir
cerca de sí la mano inteligente del hombre. La América es el campo
de[339] aplicación de todos los descubrimientos de la ciencia europea,
no porque yo lo digo, sino porque así lo dispuso el Artífice que fraguó
una vez para siempre los destinos de la cadena del mundo. El poder de la
dilatación de esa ciencia es como el de la mente de Colón--no puede
reconocer por meta las columnas de ningún Hércules. La América es[340]
el jardín del mundo para la aclimatación de todo lo grande y de todo lo
bueno. Si alguien lo duda, que ponga la vista en el mapa de su
geografía, y diga después si el hombre podrá encontrar en ninguna otra
parte del mundo mejor cielo que admirar, mejores sombras a que asilarse,
mejores frutas para su paladar, aguas más frescas y salubres para su
sed, ríos más capaces de ser surcados, montañas más preñadas de plata y
de oro, tierras más fértiles que en América. En poco tiempo el habla y
la religión cristiana se aclimataron en nuestro continente desde la
tierra magallánica hasta la alta[341] California; el hijo del
conquistador y de las Indias cautivas fué superior en fuerza muscular y
en inteligencia a sus padres. El inca Garcilaso,[342] criado al seno de
una _Palla_ cuzqueña, escribió con veracidad y talento las proezas de
Pizarro, que no sabía escribir su nombre. Esta facultad absortiva de
asimilación y de mejora que distingue al nuevo mundo, se manifiesta
desde luego en el hombre americano por su facilidad para imitar, por su
notable aptitud para las artes y los idiomas; en segundo lugar, se
manifiesta en las condiciones del suelo, algunas de las cuales podemos
señalar sin salir de casa. Los españoles, por ejemplo,[343] traen al Río
de la Plata unos cuantos potros andaluces, y _esos céfiros del Betis_,
como los llama[344] Góngora, encuentran su verdadera patria en las[345]
llanuras argentinas: se reproducen al infinito; la libertad los mejora,
y aquí en su centro, es donde aconseja Bufón que se contemple y se[346]
estudie ese bruto generoso, "la mejor conquista entre cuantas hizo el
hombre". El pico de un ave[347] o el movimiento de una ola depone a las
orillas del Paraná la simiente de un durazno, y de ahí el origen de esa
abundancia de "fruta del[348] monte", que nos deleita entre los meses de
febrero y marzo. Dos carozos de damasco traídos por casualidad de
Italia, poco más ha de medio siglo, bastaron para reproducirse en Buenos
Aires en los términos que conocemos. El morueco de las colonias
españolas tan mimado en Sajonia, crece y se reproduce sin desmejorar en
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