Argentina, Legend and HistoryBlasco Ibáñez, Vicente
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Argentina, Legend and History
Blasco Ibáñez, Vicente
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Al día siguiente, domingo, el capellán celebró misa al aire libre, en el
centro de las tropas formadas. Concluído el oficio, se dió orden de
marcha para los Corrales de Miserere, donde se[367] llegó a las diez de
la mañana. Desde este punto, el jefe de la división española dirigió a
las once,[368] con su primer ayudante Quintana, una enérgica intimación
al general inglés. No habiendo sido admitido por Beresford en los quince
minutos[369] fijados, el enviado se retiró sin entregar la misiva; pero
Liniers no aprobó este exceso de celo y despachó nuevamente a su
ayudante, que fué recibido en el acto. La respuesta de Beresford fué muy
significativa, viniendo de un jefe tan circunspecto como valiente. Al
contestar que se defendería "hasta el caso que la prudencia le
indicara", confesaba implícitamente lo que dejaban entrever[370] sus
pedidos de conferencias con las autoridades bonaerenses y, un poco más
tarde, con Pueyrredón.[371] La situación del invasor se presentaba cada
día más difícil e insostenible en la atmósfera hostil de la ciudad; y,
si bien estaba resuelto a cumplir con su deber, no se le ocultaba la
desigualdad de condiciones con que se empeñaba el combate. Vencedor, su
victoria sería estéril; vencido, su[372] pérdida era irreparable. Puede
decirse, pues, que[373] la acción se inició, en esa misma tarde, contra
un adversario moralmente derrotado. A las cinco, la división rompió
marcha hacia el Retiro, yendo[374] de vanguardia el cuerpo de
voluntarios catalanes con dos obuses.
II. La Reconquista
El grueso de la división no salvó sin gran trabajo,[375] y sólo merced
al auxilio del vecindario y gauchos a caballo, las dos millas de
malísimo camino, sembrado de baches y pantanos, que mediaba entre el
Miserere (hoy Once de Septiembre), y el Retiro. Entretanto, los miñones
o migueletes, apoyados por la compañía de infantería de Buenos Aires,
llegaban a dicha plaza del Retiro "a paso de carrera" y atacaban el
Parque, defendido por 200 soldados ingleses, a quienes desalojaron con
una carga a la bayoneta. La fuerza enemiga se replegaba hacia la
Fortaleza, dejando varios muertos y prisioneros en el sitio, cuando
encontró a Beresford, que acudía en su auxilio por la calle del Correo
(Florida), con una columna[376] de 400 a 500 hombres. En este mismo
momento, desembocaban en la plaza a marcha redoblada, vivamente
estimulados por Liniers en persona, los voluntarios de Montevideo con
una parte de la artillería de Agustini. Tan decisivo fué, al enfilar la
calle, el fuego del obús cargado de metralla, que el enemigo se detuvo
bruscamente y emprendió retirada hacia la Plaza Mayor, dejando[377] unos
30 muertos o heridos y abandonando un cañón.
[Illustration: PAUL GROUSSAC
_Blasco Ibáñez, Argentina y sus grandezas_]
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