Argentina, Legend and HistoryBlasco Ibáñez, Vicente
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Argentina, Legend and History
Blasco Ibáñez, Vicente
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Era muy tarde para seguir las operaciones, y, además, las tropas estaban
rendidas de cansancio. Liniers se contentó con ocupar fuertemente el
Retiro y sus bocacalles, tomando todas las precauciones del caso contra
cualquier sorpresa. Las tropas pasaron la noche sobre las armas y sin
comer. El día 11 fué ocupado en montar los cañones de 18 desembarcados
de la goleta _Dolores_, y otros de igual calibre que se encontraron en
el Parque: había que prevenirse[378] contra un posible bombardeo de la
escuadra, y también separarse para batir en brecha a Beresford, que
parecía dispuesto a encerrar su defensa en la Plaza Mayor. El efecto
moral de este primer triunfo se hizo visible el mismo día; acudieron a
engrosar las fuerzas regulares o tomar órdenes muchos jóvenes patricios
y hombres del pueblo, algunos de los cuales se preparaban antes a una
lucha de guerrilleros. A mediodía, para probar los cañones recientemente
montados, Liniers en persona apuntó sucesivamente a una lancha cañonera
y a una fragata enemigas, con tan raro acierto que, después de dar en el
casco de la primera, cortó con el segundo tiro la pena de su mesana,
donde tremolaba la bandera británica, que cayó al agua. Túvose el hecho
por un pronóstico feliz.
[Illustration: BUENOS AIRES Y SUS CONTORNOS (Map)]
Al amanecer frío y brumoso del día 14 se tocó generala, y, después de
revistar las tropas, Liniers tomó sus últimas disposiciones para el
ataque de la plaza. Dividió en tres columnas su ejército, reducido en
número, pero exuberante de entusiasmo y de confianza en la victoria. La
columna de la izquierda, al mando de Liniers, entraría por la calle de
la Merced; la del centro enfilaría por la calle de la Catedral, en tanto
que la de la derecha seguiría la calle del Correo hasta el centro, para
allí dividirse y ocupar las cuadras del Oeste y del Sur inmediatas a la
Plaza Mayor. La artillería debía preparar el avance, barriendo el camino
y haciendo replegar al enemigo. El ataque general se había fijado para
las doce del día; pero un incidente lo precipitó. Destacados en
avanzada, un cuerpo de marineros y otro de miñones se habían deslizado
por las aceras, rasando las casas a favor de la neblina, hasta llegar a
dos cuadras de la plaza y encantonarse en algunos edificios, desde donde
rompieron el fuego sobre las partidas enemigas. Habiendo salido a
contenerlos y desalojarlos una columna inglesa, nuestros impetuosos
exploradores se replegaron en guerrilla y avanzaron resueltamente. Eran
las nueve de la mañana; los imprudentes voluntarios pedían refuerzos y
municiones, no[379] resolviéndose a abandonar el terreno conquistado.
Las tropas enardecidas por la fusilería, querían marchar al fuego....
Entonces Liniers modificó rápidamente su plan anterior: lanzó la
caballería de milicias de la Colonia y los dragones de Buenos Aires con
artillería volante por la calle del Santo Cristo, en tanto que se movía
penosamente la reserva con sus cañones de batir, y él mismo se
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