Argentina, Legend and HistoryBlasco Ibáñez, Vicente
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Argentina, Legend and History
Blasco Ibáñez, Vicente
Argentina; Argentina -- History; Spanish language -- Readers
El Perú había sido libertado por un puñado de cuatro mil hombres (dos
mil argentinos y dos mil chilenos) contra veintitrés mil soldados, que
mantenían en alto los pendones del rey de España en toda la extensión
del continente americano. San Martín, sosteniendo en sus brazos
robustos, como muy bien se ha dicho, el cadáver de su pequeño ejército
diezmado por la peste y los combates, había declarado la independencia
del[386] Perú.
Esta grande empresa, realizada con tan pobres medios, con tanta economía
de fuerzas y de sangre, y tan fecundos resultados, se caracteriza
como[387] profunda combinación política y militar, en que circunscribió
la lucha de la independencia americana a un punto estratégico; en que
forzó el último baluarte de la dominación española en Sud-América; en
que hirió el poder colonial en el corazón, con la espada de Chacabuco y
Maipo; en que[388] encerró en un palenque sin salida a los últimos
ejércitos españoles y realistas, dentro del cual debía decidirse por un
supremo y definitivo combate a muerte, la causa de la emancipación de un
mundo.[389]
[Illustration: ESTATUA ECUESTRE DEL GENERAL SAN MARTÍN, PLAZA SAN
MARTÍN, BUENOS AIRES]
Desde ese momento, el triunfo de la causa de la independencia americana
dejó de ser un problema militar y político: fué simplemente cuestión de
más esfuerzos y de más tiempo.
Desde ese día, el sol al levantarse sobre el hemisferio de Colón, no
alumbró más esclavos que los que aún continuaban aherrojados bajo las
plantas de los últimos ejércitos realistas, atrincherados en las
montañas del Perú.
Pero, para alcanzar la victoria definitiva, era necesario que el mismo
Perú, hondamente revolucionado, pusiese sobre las armas diez mil
soldados más, y el Perú no podía ponerlos. Chile no podía repetir el
supremo esfuerzo que había hecho, para remontar sus tropas
expedicionarias. La República Argentina, política y socialmente
disuelta, al mismo tiempo que sus hijos ausentes emancipaban lejanos
pueblos, no podía enviar nuevos contingentes a su ejército libertador de
los Andes.
Mientras tanto, las legiones triunfantes de Bolívar,[390] que desde las
bocas del Orinoco habían cruzado de mar a mar el continente, se
encontraban con las de San Martín, que desde el Plata habían cruzado al
Pacífico, dominándolo; y bajo la línea ardiente del ecuador y al pie del
Chimborazo, se[391] saludaban las banderas independientes de las
Provincias Unidas del Río de la Plata, de Chile, del Perú, y de
Colombia, sellando la alianza continental con una nueva victoria
alumbrada por los fuegos volcánicos del Pichincha.[392]
En tal situación, Colombia era el árbitro de los destinos del Nuevo
Mundo, y en manos del Libertador Bolívar estaba la masa hercúlea que
debía dar el golpe final, en el supremo y definitivo combate que iba a
librarse en el Perú.
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