Argentina, Legend and HistoryBlasco Ibáñez, Vicente
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Argentina, Legend and History
Blasco Ibáñez, Vicente
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Así murió Falucho, como un guerrero digno de la República de Esparta,
enseñando cómo se muere por sus principios y cómo se protesta bajo el
imperio de la fuerza. Para enarbolar la bandera española en los muros
del Callao, fué necesario[382] pasar por encima de su cadáver; se
enarboló al fin, pero salpicada con su sangre generosa; y aun tremolando
orgullosamente en lo alto del baluarte, el valiente grito de _¡Viva
Buenos Aires!_ fué la noble protesta del mártir contra la traición de
sus compañeros. Esa protesta fué sofocada por el estruendo de la
artillería en todos los baluartes del Callao.
Falucho era nacido en Buenos Aires, y su nombre[383] verdadero era
Antonio Ruiz. ¡Pocos generales han hecho tanto por la gloria como ese
humilde y oscuro soldado, que no tuvo sepulcro, que no ha tenido una
corona de laurel, y que recién hoy tiene un recuerdo en la historia de
su patria![384]
El martirio de Falucho no fué estéril. Pocos días después se sublevaron
en la Tablada de Lurín[385] dos escuadrones del regimiento de granaderos
a caballo, y deponiendo a sus jefes y oficiales, marcharon a
incorporarse a los sublevados del Callao. A la distancia vieron flotar
el pabellón español en las murallas. A su vista, una parte de los
granaderos, que ignoraban que los sublevados hubiesen proclamado al Rey,
volvieron avergonzados sobre sus pasos, como si la terrible sombra de
Falucho les enseñase el camino del honor. Sólo los más comprometidos
persistieron en su primera resolución, y volvieron sus armas contra sus
antiguos compañeros, quedando así disuelto por el motín y la traición el
memorable ejército de los Andes, libertador del Chile y del Perú.
LA ABDICACIÓN DE SAN MARTÍN
BARTOLOMÉ MITRE
Se ha dicho con verdad que sólo dos grandes figuras de los tiempos
modernos bajaron tranquilas de la cima de la grandeza, Wáshington y San
Martín, porque ellos no fueron ni poder, ni ambición, ni partidos, ni
odios, ni gloria egoísta, sino una misión que debía concluir en un día
irrevocable, en medio de la propia existencia.
Wáshington no abdicó. Al colgar su espada después del triunfo, y
entregar el poder público en manos de un pueblo libre, afirmó la corona
cívica sobre sus sienes, siguió sin violencia el ancho camino que le
estaba trazado, y alumbrado por astros propicios, se extinguió en el
reposo con la angélica serenidad de los ángeles tutelares.
[Illustration: BARTOLOMÉ MITRE
_Blasco Ibáñez, Argentina y sus grandezas_]
San Martín abdicó en medio de la lucha, antes de completar su obra, no
por su voluntad, como él lo dijo en su despedida y como se ha creído por
mucho tiempo, sino forzado por la lógica de su destino y obedeciendo a
las inspiraciones del bien; y en haberlo reconocido en tiempo bajo los
auspicios de la razón serena, consiste la grande moral de su
sacrificio. Buscó su camino en medio de la tempestad en que su alma se
agitaba, y lo encontró; y tuvo previsión, abnegación, y fortaleza para
seguirla, y por eso el sacrificio no fué estéril.
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