Argentina, Legend and HistoryBlasco Ibáñez, Vicente
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Argentina, Legend and History
Blasco Ibáñez, Vicente
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El mando militar tiene en sí mismo algo de despótico, porque es
personal, sólo tiene por límite la responsabilidad moral del que lo
ejerce y el sentimiento de la justicia y de la dignidad humana. Si el
carácter de Belgrano hubiera sido despótico, se habría manifestado en el
ejercicio de ese mando casi absoluto, que las exigencias de la
revolución y el peligro común hacían que fuese más tirante que en las
condiciones de la vida ordinaria; y sin embargo, es sabido que Belgrano
fué siempre justo a la vez que severo en el ejercicio tranquilo de su
autoridad; que jamás abusó de ella, ni fué cruel ni voluntarioso, y
todos cuantos militaron[404] bajo sus órdenes, le guardaron por toda la
vida, estimación, respeto y amor.
[Illustration: MANUEL BELGRANO
_Blasco Ibáñez, Argentina y sus grandezas_]
Como autoridad política en los territorios donde hizo la guerra,
responde en su favor el amor, el respeto, la confianza que supo inspirar
a los pueblos, y que se conserva hasta hoy aún en los hijos de los
indios a quienes trató justiciera y paternalmente en Misiones[405] y en
las montañas del Alto Perú.[406]
Belgrano no era un demócrata a la manera de Artigas[407] y de
Güemes,[408] expresiones exageradas de la democracia en una época de
revolución: era un demócrata de la escuela de Wáshington y de Franklin,
cuyos principios profesó toda su vida.
Lo prueba su anhelo por la instrucción de las masas, atestiguado por los
establecimientos de educación que fundó antes y después de la
revolución; su respeto a la igualdad humana, manifestado hasta en su
conducta con los indios de Misiones y del Alto Perú; su amor a la
libertad del pueblo a que consagró su vida y sus afanes; su empeño
constante por que la revolución se constituyera sobre la base de un
poder deliberante emanado directamente del pueblo, como lo demuestra su
correspondencia con Rivadavia; su respeto[409] a la ley y a las
autoridades constituídas, y más que todo, su abnegación, su desinterés y
su modestia en presencia de los altos intereses públicos.
Por eso el general Belgrano es el ideal del demócrata. Ningún argentino
ha merecido mejor que él este nombre, y negárselo, sería querer privar a
su patria de uno de los más hermosos y acabados modelos que en tal
sentido se pueden presentar[410] como ejemplo digno de admirarse y de
imitarse.
Belgrano y San Martín, los dos verdaderos grandes hombres de la historia
revolucionaria argentina, pueden llamarse padres y autores de la
independencia de su país, teniendo de común, que los dos fueron hombres
de orden, ajenos a los partidos secundarios de la revolución, que nunca
pertenecieron sino al gran partido de la patria, ni tuvieron más pasión
que la de la independencia, la de la libertad americana, cuyo
sentimiento[411] inocularon profundamente en el corazón de los pueblos y
ejércitos que dirigieron.
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