Argentina, Legend and HistoryBlasco Ibáñez, Vicente
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Argentina, Legend and History
Blasco Ibáñez, Vicente
Argentina; Argentina -- History; Spanish language -- Readers
San Martín en las provincias de Cuyo, y Belgrano[412] en las del Norte,
levantando el espíritu[413] público en ellas, conquistando el amor y la
confianza de las poblaciones, consiguiendo que los ciudadanos acudiesen
voluntariamente y con entusiasmo a sus banderas, dispuestos a la lucha y
al sacrificio, haciendo concurrir hasta las mujeres a la defensa de la
causa común, prueban que tanto el uno como el otro eran verdaderos
hombres de revolución, que si bien no se cuidaban de _encabezar_[414]
_partidos_, sabían como se mueve a las democracias _encabezando una
causa popular_.
El general Belgrano, recibiendo el mando del ejército desorganizado de
dos derrotas, haciendo[415] la guerra en medio de pueblos decaídos o
descontentos en parte como lo hemos probado ya, obteniendo una victoria
en una retirada desigual, haciendo por último pie firme[416] en Tucumán,
llevando a su población al campo de batalla, y predisponiendo a la
provincia de Salta a hacer los sacrificios más sublimes de que es capaz
el patriotismo, nos enseña cómo los verdaderos demócratas encabezan, no
los partidos, sino los grandes movimientos de la opinión que deciden del
destino de los pueblos.
EL GENERAL LAS HERAS
BARTOLOMÉ MITRE
(TITLE: =Las Heras= (Juan Gregorio de, 1780-1866), Argentine patriot and
general who distinguished himself in the Chilean campaign under San
Martín. At Cancha Rayada (1818) where the troops of San Martín suffered
a reverse, it was Las Heras who saved the day by his masterly retreat
and coolness in the general confusion.)
Hay héroes de circunstancias que ocupan y abandonan bulliciosamente la
escena de la historia; héroes que a veces aparecen grandes a los ojos de
sus contemporáneos más bien por el medio en que viven y los accesorios
que los rodean, que por sus propias cualidades y por sus propias
acciones.
Éstos son los héroes teatrales de la historia.
Ellos necesitan para brillar de las luces artificiales de la popularidad
pasajera. Sólo se estimulan con los aplausos de la calle y de la plaza
pública. Para ellos no hay elocuencia posible sino en lo alto de la
tribuna y en medio de una pomposa decoración, ni heroísmo sino en
presencia de millares de testigos. Esclavos de ajenas pasiones y de su
propia vanidad, sólo conciben la gloria de un carro triunfal arrastrado
por adoradores, y prefieren una corona de cartón dorado con tal que
todos la tomen por oro de buena ley, a la inmortal corona de laurel
sagrado que sólo resplandece en la obscuridad de la tumba. Hambrientos
de vanagloria, ebrios de aplausos, enfermos de celos y de vanidad
pueril, el aplauso de la propia conciencia no llega a sus oídos; la
verdadera gloria no les satisface, el silencio los anonada, la soledad
los hace creerse muertos, y el retiro es para ellos como el vacío de la
máquina[417] neumática que apaga los oídos.
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