Argentina, Legend and HistoryBlasco Ibáñez, Vicente
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Argentina, Legend and History
Blasco Ibáñez, Vicente
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Sobre la tumba de éstos no se escribió nunca el sublime epitafio de
Esparta: "Murieron en la creencia de que la felicidad no consiste ni en
vivir ni en morir, sino en saber hacer gloriosamente lo uno y lo otro."
Los hombres grandes por sí mismos, que no trafican con la gloria, para
quienes el mando es un deber, la lucha una noble tarea, y el sacrificio
una verdadera religión; los que al abandonar el teatro de la vida
pública no tienen que despojarse a su puerta de las alas prestadas de un
día, y queman aceite de su propia vida en la lámpara de sus vigilias,
ésos viven en paz y conversan familiarmente con el genio de la soledad,
el silencio serena su alma agitada por las tempestades populares. A esos
hombres sienta bien el modesto retiro en que pueden ser estudiados y
estimados por lo que en sí valen, despertando la admiración o la
simpatía por cualidades superiores a los ingeniosos prestigios de la
prosperidad.
Tales o semejantes reflexiones a éstas hacía en una hermosa y apacible
tarde de verano del año 1848, atravesando la magnífica alameda de
Santiago de Chile, y dirigiéndome a uno de los barrios más apartados de
la ciudad, donde vivía y vive aún el general D. Juan Gregorio de Las
Heras, capitán ilustre y libertador de tres Repúblicas,[418] republicano
sencillo y desinteresado, que siendo uno de los héroes más notables de
la epopeya de la independencia americana, vivía tranquilo en el retiro,
sin espada, sin poder y sin fortuna.
Iba a pagarle la visita que infaliblemente hace este soldado lleno de
cortesía a todo argentino que llega a aquel país: y al hacerlo era
arrastrado por algo más que un deber social, pues admirador de sus
servicios y virtudes, había encontrado en él un héroe según mi ideal, y
un hombre según mi evangelio.
Al dirigirme a su casa, podía contemplar a la distancia las nevadas
cordilleras de los Andes, a cuyo pie está el memorable campo de
Chacabuco; y mi vista se perdía en la vasta llanura del valle de Maipú y
los caminos que desde él conducen al Sur de Chile, donde Las Heras,
siguiendo las huellas de San Martín, se había ilustrado en grandes
batallas y combates.
[Illustration: JUAN GREGORIO DE LAS HERAS
_Navarro y Lamarca, Historia general de América_]
Lleno de estas ideas, de esos recuerdos y de este espectáculo grandioso,
llegué a su antigua casa de familia, cuya arquitectura pertenece a la
época colonial. Era singular que quien más había contribuído a destruir
aquel régimen con su espada, hubiese encontrado en medio de tantas
ruinas como hizo en ella, un viejo techo con el sello de la[419]
dominación española, donde abrigar su cabeza en el invierno de la
vida....
Es el Bayardo de la República Argentina, el[420] militar sin miedo y sin
reproche, decano del ejército argentino por su edad, por sus servicios y
por sus elevadas cualidades morales.
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