Tres Comedias : $b Sin querer; De pequenas causas...; Los intereses creadosBenavente, Jacinto
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Tres Comedias : $b Sin querer; De pequenas causas...; Los intereses creados
Benavente, Jacinto
Comedy plays; Spanish drama; Spanish language -- Readers
CRISPÍN. Y si mi amo fuera algún ruin sujeto... Pero, decidme: ¿no es el
señor Polichinela el que debía enorgullecerse de que mi señor se haya
dignado enamorarse de su hija y aceptarle por suegro? ¡Mi señor, que a
tantas doncellas de linaje excelso ha despreciado, y por quien más de
cuatro princesas hicieron cuatro mil locuras!... Pero ¿quién llega?
(_Mirando hacia la segunda derecha._) ¡Ah, Colombina! ¡Adelante,
graciosa Colombina, no hayas[80.1] temor! (_Sale Colombina._) Todos
somos amigos, y nuestra mutua amistad te defiende de nuestra unánime
admiración.
ESCENA II
DICHOS y COLOMBINA, que sale por la segunda derecha, o sea el
pasillo.
COLOMBINA. Doña Sirena me envía a saber de tu señor. Apenas rayaba el
día, vino Silvia a nuestra casa, y refirió a mi señora todo lo sucedido.
Dice que no volverá a casa de su padre, ni saldrá de casa de mi señora
más que para ser la esposa del señor Leandro.
CRISPÍN. ¿Eso dice? ¡Oh, noble joven! ¡Oh, corazón amante!
ARLEQUÍN. ¡Qué epitalamio pienso componer a sus bodas!
COLOMBINA. Silvia cree que Leandro está malherido... Desde su balcón oyó
ruido de espadas, tus voces en demanda de auxilio. Después cayó sin
sentido, y así la hallaron al amanecer. Decidme lo que sea[80.2] del
señor Leandro, pues muere de angustia hasta saberlo, y mi señora también
quedó en cuidado.
CRISPÍN. Dile que mi señor pudo salvarse, porque amor le guardaba; dile
que sólo de amor muere con incurable herida... Dile... (_Viendo venir a
Leandro._) ¡Ah! Pero aquí llega él mismo, que te dirá cuanto yo pudiera
decirte.
ESCENA III
DICHOS y LEANDRO, que sale por la primera derecha.
CAPITÁN. (_Abrazándole._) ¡Amigo mío!
ARLEQUÍN. (_Abrazándole._) ¡Amigo y señor!
COLOMBINA. ¡Ah, señor Leandro! ¡Que estáis salvo! ¡Qué alegría!
LEANDRO. ¿Cómo supisteis?
COLOMBINA. En toda la ciudad no se habla de otra cosa; por las calles se
reúne la gente en corrillos, y todos murmuran y claman contra el señor
Polichinela.
LEANDRO. ¿Qué decís?
CAPITÁN. ¡Y si algo volviera a intentar contra vos...!
ARLEQUÍN. ¿Y si aún quisiera oponerse a vuestros amores?
COLOMBINA. Todo sería inútil. Silvia está en casa de mi señora, y sólo
saldrá de allí para ser vuestra esposa...
LEANDRO. ¿Silvia en vuestra casa? Y su padre...
COLOMBINA. El señor Polichinela hará muy bien en ocultarse.
CAPITÁN. ¡Creyó que a tanto podría atreverse con su riqueza insolente!
ARLEQUÍN. Pudo atreverse a todo, pero no al amor...
COLOMBINA. ¡Pretender asesinaros tan villanamente!
CRISPÍN. ¡Doce espadachines, doce..., yo los conté!
LEANDRO. Yo sólo pude distinguir a tres o cuatro.
CRISPÍN. Mi señor concluirá por deciros que no fue tanto el riesgo, por
no hacer mérito de su serenidad y de su valor... ¡Pero yo lo vi! Doce
eran, doce, armados hasta los dientes, decididos a todo. ¡Imposible me
parece que escapara con vida!
COLOMBINA. Corro a tranquilizar a Silvia y a mi señora.
CRISPÍN. Escucha, Colombina. A Silvia, ¿no fuera mejor no
tranquilizarla?...
Public-domain text, read in full here on John Shaqi.
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