Tres Comedias : $b Sin querer; De pequenas causas...; Los intereses creadosBenavente, Jacinto
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Tres Comedias : $b Sin querer; De pequenas causas...; Los intereses creados
Benavente, Jacinto
Comedy plays; Spanish drama; Spanish language -- Readers
LEANDRO. Ésas sí que son sutilezas, Crispín.
CRISPÍN. Que tú debiste hallar antes si tu amor fuera como dices. Amor
es todo sutilezas y la mayor de todas no es engañar a los demás, sino
engañarse a sí mismo.
LEANDRO. Yo no puedo engañarme, Crispín. No soy de esos hombres que
cuando venden su conciencia se creen en el caso de vender también su
entendimiento.
CRISPÍN. Por eso dije que no servías para la política. Y bien dices. Que
el entendimiento es la conciencia de la verdad, y el que llega a
perderla entre las mentiras de su vida, es como si se perdiera a sí
propio, porque ya nunca volverá a encontrarse ni a conocerse, y él mismo
vendrá a ser otra mentira.
LEANDRO. ¿Dónde aprendiste tanto, Crispín?
CRISPÍN. Medité algún tiempo en galeras, donde esta conciencia de mi
entendimiento me acusó más de torpe[84.1] que de pícaro. Con más
picardía y menos torpeza, en vez de remar en ellas pude haber llegado a
mandarlas. Por eso juré no volver en mi vida. Piensa de qué no seré
capaz ahora que por tu causa me veo a punto de quebrantar mi juramento.
LEANDRO. ¿Qué dices?
CRISPÍN. Que nuestra situación es ya insostenible, que hemos apurado
nuestro crédito, y las gentes ya empiezan a pedir algo efectivo. El
Hostelero, que nos albergó con toda esplendidez por muchos días,
esperando que recibieras tus libranzas. El señor Pantalón, que fiado en
el crédito del Hostelero, nos proporcionó cuanto fue preciso para
instalarnos con suntuosidad en esta casa... Mercaderes de todo género,
que no dudaron en proveernos de todo, deslumbrados por tanta grandeza.
Doña Sirena misma, que tan buenos oficios nos ha prestado en tus
amores... Todos han esperado lo razonable, y sería injusto pretender más
de ellos, ni quejarse de tan amable gente... ¡Con letras de oro quedará
grabado en mi corazón el nombre de esta insigne ciudad, que desde ahora
declaro por mi madre adoptiva! A más de esto..., ¿olvidas que de otras
partes habrán salido y andarán en busca nuestra? ¿Piensas que las
hazañas de Mantua y de Florencia son para olvidarlas?[85.1] ¿Recuerdas
el famoso proceso de Bolonia?[85.2]... ¡Tres mil doscientos folios
sumaba cuando nos ausentamos alarmados de verle crecer tan sin tino!
¿Qué no habrá aumentado bajo la pluma de aquel gran doctor jurista que
la había tomado por su cuenta? ¡Qué de considerandos y de
resultandos[85.3] de que no resultará cosa buena! ¿Y aun dudas? ¿Y aun
me reprendes porque di la batalla que puede decidir en un día de nuestra
suerte?
LEANDRO. ¡Huyamos!
CRISPÍN. ¡No! ¡Basta de huir a la desesperada! Hoy ha de fijarse nuestra
fortuna... Te di el amor, dame tú la vida.
LEANDRO. ¿Pero cómo salvarnos? ¿Qué puedo yo hacer? Dime.
CRISPÍN. Nada ya. Basta con aceptar lo que los demás han de
ofrecernos... Piensa que hemos creado muchos intereses y es interés de
todos el salvarnos.
ESCENA V
DICHOS y DOÑA SIRENA, que sale por la segunda derecha, o sea el
pasillo.
SIRENA. ¿Dais licencia, señor Leandro?
LEANDRO. ¡Doña Sirena! ¿Vos en mi casa?
Public-domain text, read in full here on John Shaqi.
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