Argentina, Legend and HistoryBlasco Ibáñez, Vicente
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Argentina, Legend and History
Blasco Ibáñez, Vicente
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Estos suburbios, muy bien caracterizados por Cerviño con el nombre de
_tunales_, se corrían desde el _Puente de los Granados_ (en la calle del
Perú), siguiendo una línea oblicua hacia el noroeste, hasta la plaza de
Monserrat, que quedaba lindera, diremos así, con el despoblado; y que
era por lo mismo un _suburbio_ popular de los más poblados, y muy
turbulento por cierto. La iglesia y la parroquia de la Concepción
quedaban naturalmente entre las quintas y entre los cercos agrestes de
las _orillas_. Entre Monserrat y la _Plaza Nueva_ (hoy _Mercado del
Plata_) había unas cuantas manzanas de población algo compacta aunque de
pura clase pobre; y lo que es hoy calle de _Salta_ quedaba entonces
entre los eriales y los huecos, que eran verdaderos matorrales de
hinojos y de cardos, erizados de arbustos de sauco, y de montes de
durazneros que servían para abastecer de leña a la población. En toda la
línea del norte, que es[555] hoy la calle de _Corrientes_, comenzaban de
nuevo los tunales, los huertos, los cercos agrestes, los eriales con
sendas, hasta el _Retiro_, donde estaba la Plaza de Toros, y cuyas
cercanías estaban rústicas y muy pobladas de _orilleros_. Había también
por allí algunas quintas, que eran verdaderas soledades bastante
difíciles de cuidar: campo de la justicia de los prebostes de la
Hermandad.[556]
En un país tan pluvioso como el nuestro, formado por terrenos de
aluvión, es evidente que entonces no podía haber caminos públicos en un
estado de mediano servicio. Los pantanos rodeaban la ciudad haciendo un
verdadero laberinto de _sendas_ y de _portillos_, que requerían una
especial vaquía de parte de los que tenían que practicarlos. Más atrás
de la zona solitaria de las quintas, había algunas chacras extensas
erizadas de montes, de espinillos y de durazneros, entre los cuales eran
célebres, como abrigos de bandidos, el monte de campana cerca de lo que
es hoy la _Floresta_, el monte de Castro, entre Flores y Morón, el
callejón de Ibáñez; a los que no les iban en zaga otros lugares, que
aunque más cercanos, tenían también malísima fama; como el hueco _de los
Sauces_, los cercos de los _Ejercicios_, la quinta de _Rivadavia_, el
paso de Burgos, el hueco de _Cabecitas_ y el de _doña Ingracia_; y sobre
todo, los _zanjones_ del _tercero del norte_, que eran hasta 1830 uno de
los puntos más selváticos y agrestes que pudiera tener a su costado una
ciudad civilizada y revolucionaria[557] como era la de Buenos Aires en
1815.
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