Argentina, Legend and HistoryBlasco Ibáñez, Vicente
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Argentina, Legend and History
Blasco Ibáñez, Vicente
Argentina; Argentina -- History; Spanish language -- Readers
Era natural que el centro más urbano y más noble de la Comuna
participase en algo de las malas condiciones de sus _suburbios_. La
carestía de la piedra, la dificultad de sacarla de la Banda Oriental,
por falta de brazos aptos y por falta de buques[558] en que conducirla,
hacían que apenas hubiese[559] una que otra calle, malísimamente
empedrada. Se conocía por calle _del Empedrado_ la que hoy es[560] de la
_Florida_; y no es poca lástima que se le haya quitado este título
original de _nobleza_, que le corresponde en la tradición de la cultura
de nuestra ciudad. Las lluvias copiosísimas de aquellos tiempos han
dejado fama en el recuerdo de nuestros padres. Al correr como torrentes,
para salir al río, o para empozarse en los pantanos, se llevaban gran
parte del piso, abriendo curvas de zanjas profundas y de precipicios
entre una y otra acera, y hacían imposible atravesar las calles (fuera
de ocho o diez cuadras en el centro) por otra parte que por las
esquinas, donde había apoyos de grandes piedras puestas a distancia para
afirmar el pie. Era tal este estado, que en la parte que es hoy calle de
_Cangallo_ (entre Florida y Maipú) había lagunas donde se ahogaron
algunos lecheros en tiempos del virrey Vértiz, como consta de documentos
oficiales.
Por la noche, esta espléndida ciudad de Buenos Aires, que hoy enrojece
su atmósfera con los reflejos del gas, presentaba un aspecto desolado,
si es que las tinieblas pueden tener aspecto. A lo largo de la calle del
_Correo_ (hoy _Perú_) se divisaban de un extremo a otro, cuatro
linternillas diminutas que señalaban las cuatro mesitas en que los
loteros privilegiados por el Cabildo expedían cedulillas, arrimados a la
pared y con un pequeño farol que era la única luz de esa calle central.
Las veredas eran de mal ladrillo, húmedas, estrechas, desiguales, y
temblorosas encima del barrial en que tenían su asiento; y en muy pocas
calles las había.[561]
Buenos Aires era una ciudad baja, aplastada y cubierta con las capuchas
de los tejados de feísimo aspecto; que tenía, sin embargo, la reputación
de[562] la belleza entre las otras ciudades españolas. Pero esa fama le
venía de sus habitantes, más bien que de su suelo. En ambos sexos, ellos
eran de espíritu alegre y suelto; de alma impresionable y simpática;
admiradores entusiastas y copistas ardientes de las grandes novedades de
la civilización. Naturalmente inclinados a lo liberal; con algo de
aturdido y de liviano, pero siempre bien inspirados, inclinados a la
pompa y halagados por la vanagloria que viene de hacer el bien y de
realizar hazañas. La sociedad era por esto expansiva y hospitalaria. Su
arrogancia era abierta, porque consistía siempre en el anhelo de que su
revolución y sus progresos sirviesen a todos,[563] e hiciesen de nuestro
suelo y de nuestras leyes, el abrigo de todas las razas del mundo que no
estuvieran bien avenidas en el suyo.
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