Argentina, Legend and HistoryBlasco Ibáñez, Vicente
History
Argentina, Legend and History
Blasco Ibáñez, Vicente
Argentina; Argentina -- History; Spanish language -- Readers
Tal era entonces la capital, en cuya frente el[564] poeta de la
revolución había escrito estos versos tan arrogantes como adecuados,
entonces, al genio de la Comuna:
Calle Esparta su virtud:
Su virtud calle Roma;
¡Silencio! que al mundo asoma
La gran capital del Sud.
Pero, ésta era la ciudad que había hecho la Revolución de Mayo, que la
había defendido y salvado contra todo el poder de la España, proclamando
los principios más elevados, más generosos y más humanitarios de la
civilización moderna. Ésta misma era la ciudad que había vencido y
rendido dos ejércitos ingleses; que había deshecho y apresado tres
escuadras españolas; que había plantado la bandera argentina en las
murallas de Montevideo; que iba con un paso seguro a reconquistar a
Chile, a libertar al Perú, y a llevarle soldados a Bolívar para ganar
la batalla famosa de Junín y libertar a Quito. Para motejar, entonces,
la arrogancia de la cuarteta, sería preciso ver cómo podrían borrarse de
la historia, o como podrían motejarse los hechos gloriosos que la
inspiraron.
BUENOS AIRES
LAS TIENDAS ANTIGUAS
LUCIO V. LÓPEZ
No era entonces Buenos Aires lo que es ahora. La fisonomía de la calle
del Perú y de la Victoria ha cambiado en los veintidós años
transcurridos: el _centro_ comenzaba en la calle de la Piedad y[565]
terminaba en la de Potosí, donde la vanguardia de las tiendas estaba
representada por el establecimiento del señor Bolar, local de esquina,
mostrador[566] democrático al alba, cuando cocineras y patronas
madrugadoras acudían al mercado, y burgués, si no aristocrático, entre
las siete de la noche y el toque de las ánimas. El barrio de las tiendas
de tono se prolongaba por la calle de la Victoria hasta la de Esmeralda,
y aquellas cinco cuadras constituían en esa época el _boulevard_ de la
_fashion_ de la gran capital.
Las tiendas europeas de hoy, híbridas y raquíticas, sin carácter local,
han desterrado la tienda porteña de aquella época, de mostrador[567]
corrido y gato blanco formal sentado sobre él a guisa de esfinge.
¡Oh, qué tiendas aquéllas! Me parece que veo sus puertas sin vidrieras,
tapizadas con los últimos percales recibidos, cuyas piezas avanzaban dos
o tres metros al exterior sobre la pared de la calle; y entre las piezas
de percal, la pieza de pekín lustroso de medio ancho, clavada también en
el muro, inflándose con el viento y lista para que la mano de la
marchanta conocedora apreciase la calidad del género entre el índice y
el pulgar, sin obligación de penetrar a la tienda.[568]
Public-domain text, read in full here on John Shaqi.
Reviews
Reviews
No reviews yet
Be the first to share your thoughts on this work.
Elsewhere in the archive
Join the Discussion
Join the discussion
Sign in to leave a comment or review.
Sign InorCreate an account