Argentina, Legend and HistoryBlasco Ibáñez, Vicente
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Argentina, Legend and History
Blasco Ibáñez, Vicente
Argentina; Argentina -- History; Spanish language -- Readers
El gaucho argentino no reconocía por jefe, ni prestaba servicio militar,
sino al caudillo que él mismo elegía por su propia inclinación; porque
ante todo se tenía por hombre libre, y como tal usaba de su criterio y
de su gusto individual con absoluta independencia de todo otro influjo.
Eso[40] sí, cuando se había decidido por una bandera, su adhesión no
tenía límites y podía contarse con ella para toda la vida; no
economizaba sacrificio alguno, y su constancia, sobre todo en las luchas
políticas, llegaba hasta el heroísmo. Tomaba[41] partido por sentimiento
propio y por pasión, jamás por interés, ni con la mira de obtener el
menor provecho directo como premio de sus esfuerzos. Lo único que le
movía eran las afinidades de los hábitos y de las tendencias entre su
persona y la de los jefes a quienes servía; es decir, un patriotismo a
su modo, pero que en resumidas[42] cuentas era un sentimiento político y
moral que tenía causas puras y libres en su misma voluntad.
Cuando el acaso terrible de la _leva_ lo había apresado para el servicio
de los ejércitos veteranos de la patria, se debatía, como un animal
bravío por[43] escapar a la presión y a la esclavitud de la disciplina
rigurosísima de San Martín o de Belgrano.[44] Desertaba apenas podía, y
se escondía en las entrañas de la tierra. Pero si le volvían a cazar, se
daba más o menos pronto según su carácter más o menos indómito; y cuando
una campaña feliz, una batalla ganada o perdida, venían a darle la
pasión del cuerpo en que servía, se convertía en un soldado ejemplar,
como no creo que tuviese mejor ninguna otra nación civilizada. Era
sobrio, sufrido, bravo y experto: ni el hambre, ni la desnudez lo
indignaban o lo abatían.
Entregado siempre a la voluntad de sus jefes, con una alegría templada
que jamás desmentía, servía animado del amor de la patria y con el
orgullo militar del ciudadano libre que tiene fe en su causa, y que se
considera con la obligación personal de vencer. Toda su filosofía se
reducía a saber que servía a la patria, y que _la patria esperaba ser
salvada por sus soldados_: la doctrina era lacónica, pero tan cierta,
que apelo al testimonio de cuantos hayan conocido al gaucho argentino,
convertido en _granadero de a caballo_, o en _voltigero_ del ejército de
los Andes, para que digan si esto era verdad.
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