Argentina, Legend and HistoryBlasco Ibáñez, Vicente
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Argentina, Legend and History
Blasco Ibáñez, Vicente
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En cuanto al sentimiento religioso, el gaucho estaba tan lejos del
árabe, que es imposible hallar entre ellos punto alguno de contacto. En
las cosas de su persona, de su casa, de sus relaciones, o de sus
negocios, la religión y sus ministros no valían ni pesaban un ápice para
él. El árabe es ante todo tétrico, _fatalista_ y _creyente_. Vive
dominado por un panteísmo religioso que dirige todas sus ideas: habla
directamente con Dios, en la nube que pasa, en las estrellas que brillan
en los cielos, en todos los fenómenos del desierto y en cada uno de los
acontecimientos que tejen el hilo fatídico de su vida. Su ferocidad, sus
crímenes y hasta sus virtudes, son hijos de su fanatismo. Al gaucho
argentino no se le ocurrió jamás nada de esto. Su alma había florecido
libre de todo cuerpo de doctrina y batida sólo por los intereses[45] de
la vida material: era alegre de espíritu y vivía independiente en un
país bellísimo, lleno de recursos, bien regado, fértil, abundante, y que
no tenía ningún punto de contacto con la adusta e imponente severidad
del clima abrasador del África, en donde sólo la noche y las sombras dan
expansión al alma de los mortales y de las fieras. El gaucho era en el
fondo un ser completamente descreído: su religión era un deísmo _sui
generis_[46] que se reducía a figurar una cruz con los dedos, o a besar
el escapulario que llevaba al pecho, en los momentos difíciles de la
vida. Una vez que lo hacía, se tenía por salvado en el cielo, si moría;
o por amparado del poder y del favor de Dios, si se salvaba. Después, ya
no volvía a acordarse de sus deberes religiosos, sino para saludar los
símbolos del catolicismo, si los encontraba a su paso: una cruz de un
sepulcro, un fraile, o la puerta de una iglesia. Con esto, se tenía por
católico romano y papal, sin entender palabra de la cosa, y sin procurar
entenderla tampoco; porque todo lo demás era para él asunto puro de
tradición, de[47] que no se daba otra cuenta sino como de un hecho
superior, que le venía impuesto por el[48] asentimiento vago del pueblo,
por una tradición que, aunque desprovista de doctrina, dominaba en[49]
las campañas y en las chozas donde criaba a su familia.
ORIGINALIDAD Y CARACTERES ARGENTINOS
El Rastreador--El Baquiano--El Gaucho Malo--El Cantor
DOMINGO F. SARMIENTO
Ainsi que l'océan les steppes remplissent l'esprit du sentiment de
l'infini[50]
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