Argentina, Legend and HistoryBlasco Ibáñez, Vicente
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Argentina, Legend and History
Blasco Ibáñez, Vicente
Argentina; Argentina -- History; Spanish language -- Readers
El baquiano es casi siempre fiel a su deber; pero no siempre el general
tiene en él plena confianza. Imaginaos la posición de un jefe
condenado[105] a llevar un traidor a su lado, y a pedirle los
conocimientos indispensables para triunfar. Un baquiano encuentra una
sendita que hace cruz con el camino que lleva: él sabe a qué aguada[106]
remota conduce; si encuentra mil, y esto sucede en un espacio de cien
leguas, él las conoce todas, sabe de donde vienen y adonde van. Él sabe
el vado oculto que tiene un río, más arriba o más abajo del paso
ordinario, y esto en cien ríos o arroyos; él conoce en los ciénagos
extensos un sendero por donde pueden ser atravesados sin inconveniente,
y esto en cien ciénagos distintos.
En lo más obscuro de la noche, en medio de los bosques o en las llanuras
sin límites, perdidos sus compañeros, extraviados, da una vuelta en
círculo de ellos, observa los árboles; si no los hay, se[107] desmonta,
se inclina a tierra, examina algunos matorrales y se orienta de la
altura en que se halla; monta en seguida, y les dice para asegurarlos:
"Estamos en dereceras de tal lugar, a tantas leguas de las habitaciones;
el camino ha de ir al[108] Sur"--y se dirige hacia el rumbo que señala,
tranquilo, sin prisa de encontrarlo, y sin responder a las objeciones
que el temor o la fascinación sugiere a los otros.
Si aun esto no basta, o si se encuentra en la pampa y la obscuridad es
impenetrable, entonces arranca pastos de varios puntos, huele la raíz y
la tierra, los masca, y después de repetir este procedimiento varias
veces, se cerciora de la proximidad de algún lago, o arroyo de agua
salada, o[109] dulce, y sale en su busca para orientarse fijamente. El
general Rosas, dicen, conoce por el gusto el[110] pasto de cada estancia
del sur de Buenos Aires.
Si el baquiano lo es de la pampa, donde no hay[111] caminos para
atravesarla, y un pasajero le pide que lo lleve directamente a un
paraje distante cincuenta leguas, el baquiano se para un momento,
reconoce el horizonte, examina el suelo, clava la vista en un punto y se
echa a galopar con la rectitude de una flecha, hasta que cambia de rumbo
por motivos que sólo él sabe, y galopando día y noche, llega al lugar
designado.
[Illustration: ESTANCIA EN LAS PAMPAS
_Fraser, The Amazing Argentine_ _Photograph by A. W. Boote & Co., Buenos
Aires_]
Public-domain text, read in full here on John Shaqi.
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