Argentina, Legend and HistoryBlasco Ibáñez, Vicente
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Argentina, Legend and History
Blasco Ibáñez, Vicente
Argentina; Argentina -- History; Spanish language -- Readers
Lo que digo del juez es aplicable al comandante[188] de campaña. Éste es
un personaje de más alta categoría que el primero, y en quien han de
reunirse en más alto grado las cualidades de reputación y antecedentes
de aquél. Todavía una circunstancia[189] nueva agrava, lejos de
disminuir, el mal. El gobierno de las ciudades es el que da el título de
comandante de campaña; pero como la ciudad es débil en el campo, sin
influencias y sin adictos, el gobierno echa mano de los hombres que más
temor le inspiran para encomendarles este empleo, a fin de tenerlos en
su obediencia; manera muy[190] conocida de proceder de todos los
gobiernos débiles, y que alejan el mal del momento presente, para que se
produzca más tarde en dimensiones colosales. Así el gobierno papal hace
transacciones[191] con los bandidos, a quienes da empleos en Roma,
estimulando con esto el vandalaje y creándole un porvenir seguro: así el
sultán concedía[192] a Mehemet Alí la investidura de Bajá de Egipto,
para tener que reconocerlo más tarde rey hereditario a trueque de que no
lo destronase.[193] Es singular que todos los caudillos de la
revolución[194] argentina han sido comandantes de campaña: López e
Ibarra, Artigas y Güemes, Facundo y[195] Rosas. Es el punto de partida
para todas las ambiciones. Rosas, cuando hubo apoderádose de la ciudad,
exterminó a todos los comandantes que[196] lo habían elevado, entregando
este influyente cargo a hombres vulgares, que no pudiesen seguir el
camino que él había traído: Pajarito, Celarrayán,[197] Arbolito, Pancho
el Ñato, Molina, eran otros tantos comandantes de que Rosas purgó
al[198] país.
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