Argentina, Legend and HistoryBlasco Ibáñez, Vicente
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Argentina, Legend and History
Blasco Ibáñez, Vicente
Argentina; Argentina -- History; Spanish language -- Readers
Doy tanta importancia a estos pormenores, porque ellos servirán a
explicar todos nuestros fenómenos sociales, y la revolución que se ha
estado obrando en la República Argentina: revolución que está
desfigurada por palabras del diccionario civil, que la disfrazan y
ocultan creando ideas erróneas: de la misma manera que los españoles, al
desembarcar en América, daban un nombre europeo conocido a un animal
nuevo que encontraban, saludando con el terrible de león, que trae al
espíritu la magnanimidad y fuerza del rey de las bestias, al miserable
gato llamado puma, que huye a la vista de los perros, y tigre al jaguar
de nuestros bosques. Por deleznables e innobles que parezcan estos
fundamentos que quiero dar a la guerra civil, la evidencia vendrá luego
a mostrar cuán sólidos e indestructibles son. La vida de los campos
argentinos, tal como la he mostrado, no es un accidente vulgar; es un
orden de cosas, un sistema de asociación, característico, normal, único,
a mi juicio, en el mundo, y él solo basta para explicar toda nuestra
revolución. Había antes de 1810 en la República Argentina dos sociedades
distintas, rivales e incompatibles; dos civilizaciones diversas: la una
española, europea, culta; y la otra bárbara, americana, casi indígena;
y la revolución de las ciudades sólo iba a servir[199] de causa, de
móvil, para que estas dos maneras distintas de ser de un pueblo se
pusiesen en presencia una de otra, se acometiesen, y después de largos
años de lucha, la una absorbiese a la otra. He indicado la asociación
normal de la campaña, la desasociación, peor mil veces que la[200] tribu
nómada; he mostrado la asociación ficticia en la desocupación, la
formación de las reputaciones[201] gauchas--valor, arrojo, destreza,
violencia y oposición a la justicia regular, a la justicia civil de la
ciudad. Este fenómeno de organización social existía en 1810, existe aún
modificado en muchos puntos, modificándose lentamente en otros, e
intacto en muchos aún. Estos focos de[202] reunión del gauchaje
valiente, ignorante, libre y desocupado, estaban diseminados a millares
en la campaña. La revolución de 1810 llevó a todas partes el movimiento
y el rumor de las armas. La vida pública que hasta entonces había
faltado a esta asociación árabe-romana, entró en todas las ventas, y el
movimiento revolucionario trajo al fin la asociación bélica en la
_montonera_ provincial, hija legítima de la venta y de la estancia,
enemiga de la ciudad y del ejército patriota revolucionario.
Desenvolviéndose los acontecimientos, veremos las _montoneras_
provinciales con sus caudillos a la cabeza; en Facundo Quiroga,[203]
últimamente triunfante en todas partes, la campaña sobre las ciudades, y
dominadas éstas en su espíritu, gobierno, civilización, formarse al fin
el gobierno central, unitario, despótico, del estanciero Don Juan Manuel
de Rosas que clava en la culta Buenos Aires el cuchillo del gaucho y
destruye la obra de los siglos, la civilización, las leyes y libertad.
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