Argentina, Legend and HistoryBlasco Ibáñez, Vicente
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Argentina, Legend and History
Blasco Ibáñez, Vicente
Argentina; Argentina -- History; Spanish language -- Readers
adelantaba por la de la Merced, situándose en la plazoleta de la
iglesia. La refriega se hizo general.
[Illustration: AVANCE DE LOS INGLESES SOBRE BUENOS AIRES
_Navarro y Lamarca, Historia general de América_]
El brío de las tropas suplió la desbaratada estrategia; el vecindario
arrastró los cañones sin caballos: todo el plan se reducía ahora, para
cada jefe de cuerpo, compañía o pelotón, a desalojar al enemigo que
tuviera al frente, hasta desembocar en la Plaza Mayor.
Los ingleses, acantonados en los altos del Cabildo, la azotea de la
Recova, el pórtico de la Catedral, tenían que hacer frente a los
combinados ataques de seis columnas convergentes. Cedieron primero los
de la Catedral; los del Cabildo, acometidos por el Sur y por el Norte,
se replegaron sobre la Recova, ya batida por la metralla de Liniers, y
desde cuyo arco Beresford dirigía la defensa. Aquí se concentró el
combate y comenzó a diseñarse el triunfo.
Atacada por todos lados, la posición inglesa hacíase insostenible. Casi
al mismo tiempo los dos generales enemigos, Beresford y Liniers, vieron
caer a su lado sus respectivos ayudantes. Liniers, atravesado el
uniforme por tres balazos, se dirigía hacia la plaza. En el momento en
que Beresford, convencido de que era imposible la resistencia, daba la
señal de retirada cruzando su espada sobre el brazo izquierdo, la
diezmada división inglesa se replegó hacia la Fortaleza, siendo su
general el último que ocupó el puente levadizo. El pueblo, victorioso,
hizo irrupción en la plazoleta del Fuerte, dominando con sus clamores el
ruido de la fusilería y batiendo sus murallones con sus oleadas
enfurecidas. Trajéronse escalas para emprender el asalto como si fuera
un abordaje; pero entonces apareció Beresford, espada en mano, por el
ángulo Nordeste del parapeto, y se izó bandera parlamentaria. Con todo,
el humo y la distancia impedían divisarla y no cesó el fuego de los
asaltantes. Al pie de la muralla, el comandante Mordeille, que contenía
difícilmente a sus hombres, cruzaba un diálogo en francés con Beresford.
Preguntando éste "si su vida corría peligro", el otro contestó que
estaba salvada con[380] rendirse a discreción. El general arrojó su
espada al pie de la muralla, pero Mordeille se la devolvió por medio de
pañuelos atados; al mismo tiempo se izó en el bastión una bandera
española suministrada por un marinero; y de repente cesó el fuego,
alzando el pueblo una inmensa aclamación.
EL NEGRO FALUCHO
BARTOLOMÉ MITRE
En la noche del 3 de febrero, subsiguiente a la sublevación, hallábase
de centinela en el torreón del Real Felipe un soldado negro del
regimiento del Río de la Plata, conocido con el nombre de guerra de
_Falucho_.
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