Argentina, Legend and HistoryBlasco Ibáñez, Vicente
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Argentina, Legend and History
Blasco Ibáñez, Vicente
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Era Falucho un soldado valiente, muy conocido por la exaltación de su
patriotismo y, sobre todo, por su entusiasmo por cuanto pertenecía a
Buenos Aires. Como uno de tantos que se hallaban en igual caso, había
sido envuelto en la sublevación, que hasta aquel momento no tenía más
carácter que el de un motín de cuartel.
Mientras que aquel oscuro centinela velaba en el alto torreón del
castillo, donde se elevaba el asta en que hacía pocas horas flameaba el
pabellón argentino, Casariego decidía a los sublevados a enarbolar el
estandarte español en la oscuridad de la noche, antes que se
arrepintiesen de su resolución.
Sacada la bandera española de la sala de armas donde se hallaba rendida
y prisionera, fué llevada en triunfo hasta el baluarte de Casas-Matas,
donde debía ser enarbolada primeramente, afirmándola[381] con una salva
general de todos los castillos.
Faltaba poco para amanecer, y los primeros resplandores de la aurora
iluminaban el horizonte.
En aquel momento se presentaron ante el negro Falucho los que debían
enarbolar el estandarte, contra el que combatían desde catorce años.
A su vista, el noble soldado, comprendiendo su humillación, se arrojó al
suelo y se puso a llorar amargamente, prorrumpiendo en sollozos.
Los encargados de cumplir lo ordenado por Moyano, admirados de aquella
manifestación de dolor, que acaso interpretaron como un movimiento de
entusiasmo, ordenaron a Falucho que presentase el arma al pabellón del
rey que se iba a enarbolar.
--Yo no puedo hacer honores a la bandera contra la que he peleado
siempre,--contestó Falucho con melancólica energía, apoderándose
nuevamente del fusil que había dejado caer.
--¡Revolucionario! ¡Revolucionario!--gritaron varios a un mismo tiempo.
--¡Malo es ser revolucionario, pero peor es ser traidor!--exclamó
Falucho con el laconismo de un héroe de la antigüedad; y tomando su
fusil por el cañón, lo hizo pedazos contra el asta, entregándose
nuevamente al más acerbo dolor.
[Illustration: ESTATUA AL NEGRO FALUCHO EN BUENOS AIRES
_Blasco Ibáñez, Argentina y sus grandezas_]
Los ejecutores de la traición, apoderándose inmediatamente de Falucho,
le intimaron que iba a morir, y haciéndole arrodillar en la muralla
que daba frente al mar, cuatro tiradores le abocaron sus armas al pecho
y a la cabeza. Todo era silencio, y las sombras flotantes de la noche
aun no se habían disipado. En aquel momento brilló el fuego de cuatro
fusiles; se oyó una sorda detonación; resonó un grito de _¡Viva Buenos
Aires!_ y luego, entre una nube de humo, se sintió el ruido sordo de un
cuerpo que caía al suelo. Era el cuerpo ensangrentado de Falucho, que
caía gritando _¡Viva Buenos Aires!_ ¡Feliz el pueblo que tales
sentimientos puede inspirar al corazón de un soldado tosco y oscuro!
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