Tres Comedias : $b Sin querer; De pequenas causas...; Los intereses creadosBenavente, Jacinto
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Tres Comedias : $b Sin querer; De pequenas causas...; Los intereses creados
Benavente, Jacinto
Comedy plays; Spanish drama; Spanish language -- Readers
He aquí el tinglado de la antigua farsa,[39.2] la que alivió en posadas
aldeanas el cansancio de los trajinantes, la que embobó en las plazas de
humildes lugares a los simples villanos, la que juntó en ciudades
populosas a los más variados concursos, como en París sobre el Puente
Nuevo,[39.3] cuando Tabarín[39.4] desde su tablado de feria solicitaba
la atención de todo transeúnte, desde el espetado doctor que detiene un
momento su docta cabalgadura para desarrugar por un instante la frente,
siempre cargada de graves pensamientos, al escuchar algún donaire de la
alegre farsa, hasta el pícaro hampón, que allí divierte sus ocios horas
y horas, engañando al hambre con la risa, y el prelado y la dama de
calidad y el gran señor desde sus carrozas, como la moza alegre y el
soldado y el mercader y el estudiante. Gente de toda condición, que en
ningún otro lugar se hubiera reunido, comunicábase allí su regocijo,
que[39.5] muchas veces, más que de la farsa, reía el grave de ver reír
al risueño, y el sabio al bobo, y los pobretes de ver reír a los grandes
señores, ceñudos de ordinario, y los grandes de ver reír a los pobretes,
tranquilizada su conciencia con pensar: ¡también los pobres ríen!
Que[40.1] nada prende tan pronto de unas almas en otras como esta
simpatía de la risa. Alguna vez, también subió la farsa a palacios de
príncipes, altísimos señores, por humorada de sus dueños, y no fue allí
menos libre y despreocupada. Fue de todos y para todos. Del pueblo
recogió burlas y malicias y dichos sentenciosos, de esa filosofía del
pueblo, que siempre sufre, dulcificada por aquella resignación de los
humildes de entonces, que no lo esperaban todo de este mundo, y por eso
sabían reírse del mundo sin odio y sin amargura. Ilustró después su
plebeyo origen con noble ejecutoria: Lope de Rueda, Shakespeare,
Molière,[40.2] como enamorados príncipes de cuento de hadas, elevaron a
Cenicienta al más alto trono de la Poesía y del Arte. No presume de tan
gloriosa estirpe esta farsa, que por curiosidad de su espíritu inquieto
os presenta un poeta de ahora. Es una farsa _guiñolesca_,[40.3] de
asunto disparatado, sin realidad alguna. Pronto veréis cómo cuanto en
ella sucede no pudo suceder nunca, que sus personajes no son ni semejan
hombres y mujeres, sino muñecos o fantoches de cartón y trapo, con
groseros hilos, visibles a poca luz y al más corto de vista. Son las
mismas grotescas máscaras de aquella comedia del Arte[40.4]
italiano[40.5], no tan regocijadas como solían, porque han meditado
mucho en tanto tiempo. Bien conoce el autor que tan primitivo
espectáculo no es el más digno de un culto auditorio de estos tiempos;
así, de vuestra cultura tanto como de vuestra bondad se ampara. El autor
sólo pide que aniñéis cuanto sea posible vuestro espíritu. El mundo está
ya viejo y chochea; el Arte no se resigna a envejecer, y por parecer
niño finge balbuceos... Y he aquí cómo estos viejos polichinelas
pretenden hoy divertiros con sus niñerías.[40.6]
Mutación
Public-domain text, read in full here on John Shaqi.
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