Tres Comedias : $b Sin querer; De pequenas causas...; Los intereses creadosBenavente, Jacinto
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Tres Comedias : $b Sin querer; De pequenas causas...; Los intereses creados
Benavente, Jacinto
Comedy plays; Spanish drama; Spanish language -- Readers
CUADRO PRIMERO
Plaza de una ciudad. A la derecha, en primer término, fachada de
una hostería con puerta practicable y en ella un aldabón. Encima de
la puerta un letrero que diga:[41.1] «Hostería.»
ESCENA PRIMERA
LEANDRO y CRISPÍN, que salen por la segunda izquierda.
LEANDRO. Gran ciudad ha de ser ésta, Crispín; en todo se advierte su
señoría y riqueza.
CRISPÍN. Dos ciudades hay. ¡Quiera el Cielo que en la mejor hayamos
dado![41.2]
LEANDRO. ¿Dos ciudades dices, Crispín? Ya entiendo, antigua y nueva, una
de cada parte del río.
CRISPÍN. ¿Qué importa el río ni la vejez ni la novedad? Digo dos
ciudades como en toda ciudad del mundo: una para el que llega con
dinero, y otra para el que llega como nosotros.
LEANDRO. ¡Harto es haber llegado sin tropezar con la Justicia! Y bien
quisiera detenerme aquí algún tiempo, que ya me cansa tanto correr
tierras.
CRISPÍN. A mí no, que es condición de los naturales, como yo, del libre
reino de Picardía[41.3] no hacer asiento en parte alguna, si no es
forzado y en galeras, que es duro asiento.[41.4] Pero ya que sobre esta
ciudad caímos y es plaza fuerte a lo que se descubre, tracemos como
prudentes capitanes nuestro plan de batalla si hemos de conquistarla con
provecho.
LEANDRO. ¡Mal pertrechado ejército venimos!
CRISPÍN. Hombres somos, y con hombres hemos de vernos.
LEANDRO. Por todo caudal, nuestra persona. No quisiste que nos
desprendiéramos de estos vestidos, que,[42.1] malvendiéndolos,
hubiéramos podido juntar algún dinero.
CRISPÍN. ¡Antes me desprendiera yo de la piel que de un buen vestido!
Que nada importa tanto como parecer, según va el mundo, y el vestido es
lo que antes parece.
LEANDRO. ¿Qué hemos de hacer, Crispín? Que el hambre y el cansancio me
tienen abatido, y mal discurro.
CRISPÍN. Aquí no hay sino valerse del ingenio y de la desvergüenza, que
sin ella nada vale el ingenio. Lo que he pensado es que tú has de hablar
poco y desabrido,[42.2] para darte aires de persona de calidad; de vez
en cuando te permito que descargues algún golpe sobre mis costillas; a
cuantos te pregunten, responde misterioso; y cuando hables por tu
cuenta, sea con gravedad; como si sentenciaras. Eres joven, de buena
presencia; hasta ahora sólo supiste malgastar tus cualidades; ya es hora
de aprovecharse de ellas. Ponte en mis manos, que nada conviene tanto a
un hombre como llevar a su lado quien haga notar sus méritos, que en uno
mismo la modestia es necedad y la propia alabanza locura, y con las dos
se pierde para el mundo. Somos los hombres[42.3] como mercancía, que
valemos más o menos según la habilidad, del mercader que nos presenta.
Yo te aseguro que así[42.4] fueras vidrio, a mi cargo corre que pases
por diamante. Y ahora llamemos a esta hostería, que lo primero es
acampar a vista de la plaza.
LEANDRO. ¿A la hostería dices? ¿Y cómo pagaremos?
Public-domain text, read in full here on John Shaqi.
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