Argentina, Legend and HistoryBlasco Ibáñez, Vicente
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Argentina, Legend and History
Blasco Ibáñez, Vicente
Argentina; Argentina -- History; Spanish language -- Readers
En esta vida tan sin emociones, el juego sacude los espíritus enervados,
el licor enciende las imaginaciones adormecidas. Esta asociación
accidental de todos los días viene, por su repetición, a formar una
sociedad más estrecha que la de donde partió cada individuo; y en esta
asamblea, sin objeto público, sin interés social, empiezan a[161]
echarse los rudimentos de las reputaciones que más tarde, y andando los
años, van a aparecer en la escena política. Ved cómo.
El gaucho estima, sobre todas las cosas, las fuerzas físicas, la
destreza en el manejo del caballo y, además, el valor. Esta reunión,
este _club_ diario, es un verdadero circo olímpico en que se ensayan y
comprueban los quilates del mérito de cada uno.
El gaucho anda armado del cuchillo, que ha heredado de los españoles;
esta peculiaridad de la Península, este grito característico de
Zaragoza,[162] _¡guerra a cuchillo!_, es aquí más real que en
España.[163] El cuchillo, a más de un arma, es un instrumento[164] que
le sirve para todas sus ocupaciones; no puede vivir sin él; es como la
trompa del elefante, su brazo, su mano, su dedo, su todo. El gaucho, a
la par de jinete, hace alarde de valiente y el[165] cuchillo brilla a
cada momento, describiendo círculos en el aire a la menor provocación,
sin provocación alguna, sin otro interés que medirse con un desconocido;
juega a las puñaladas como jugaría a los dados. Tan profundamente entran
estos hábitos pendencieros en la vida íntima del gaucho argentino, que
las costumbres han creado sentimientos de honor y una esgrima que
garantiza[166] la vida. El hombre de la plebe de los demás países toma
el cuchillo para matar, y mata; el gaucho argentino lo desenvaina para
pelear, y hiere solamente. Es preciso que esté muy borracho, es preciso
que tenga instintos verdaderamente malos o rencores muy profundos, para
que atente contra la vida de su adversario. Su objeto es sólo
_marcarlo_, darle una tajada en la cara, dejarle una señal indeleble.
Así se ve a estos gauchos[167] llenos de cicatrices, que rara vez son
profundas. La riña, pues, se traba por brillar, por la gloria[168] del
vencimiento, por amor a la reputación. Ancho círculo se forma en torno
de los combatientes, y los ojos siguen con pasión y avidez el centelleo
de puñales, que no cesan de agitarse un momento. Cuando la sangre corre
a torrentes, los espectadores se creen obligados en conciencia a
separarlos. Si sucede una _desgracia_, las simpatías están por el que se
desgració; el mejor caballo le sirve para alejarse a parajes lejanos, y
allí lo acoge el respeto o la compasión. Si la justicia le da alcance,
no es raro que haga frente, y si _corre a la partida_,[169] adquiere un
renombre desde entonces que se dilata sobre una ancha circunferencia.
Transcurre el tiempo, el juez ha sido mudado, y ya puede presentarse de
nuevo en su pago sin que se proceda a ulteriores persecuciones; está
absuelto. Matar es una desgracia, a menos que el hecho se repita tantas
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